2013-VIRANDO EL CABO DE HORNOS Imprimir E-Mail

por Víctor Felipe - Asociado 241
Han pasado 10 días de nuestra llegada a Ushuaia y ya hace dos días que de ahí nos hemos ido y han pasado tantas cosas que no sé por dónde empezar así  es que haré una cronología de los hechos.
Al día siguiente de nuestro arribo a Ushuaia me acerque a la administración del AFASyN y fue grande la sorpresa cuando me dijeron “....Ah, son del Soledad, los estábamos esperando. Tienen siete días de amarra de cortesía...”.  Mi primer cara fue “¿...?”.
Pero luego entendí que las gestiones de ADAN ya habían puesto sobre aviso al club y luego con el correr de los días iría entendiendo el porqué de tan calurosa bienvenida y es que somos el segundo barco de bandera argentina que visita Ushuaia este verano y probablemente el último. Ni hablar de los puntos que suman nuestra poca eslora o que lleguemos navegando del lado del pacífico. Acá aprovecho la oportunidad para una vez más agradecer a la  gente de ADAN y además, muchas gracias a Miguel Urbieta y a Carlos Menna, Delegado en Ushuaia por todo el apoyo!!!

Victor, de brazos abiertos, Daniel y Antonio

Victor, de brazos abiertos, Daniel y Antonio dejando el cabo de Hornos en la popa del Soledad

Como les había contado llegamos con un fuerte viento de jeta y mal pronóstico para los días siguientes, así es que aguantamos en el muelle entre los gigantescos veleros que van y vienen de la Antártida y a sotavento de estos, solo nos enteramos de los 40 a 50 nudos que soplaron por el aullar de la jarcia. El Sole calzó justito en un espacio muerto que separa dos barcos  y entre tales colosos de hasta 20 metros no se podía divisar de ningún lado. A lo lejos su palo comparado a los vecinos parecía un simple cañito sostén de alguna luminaria del puerto.

 

El Soledad en el muelle

Las condiciones climáticas nos permitieron hacer vida de club y en pocos días hicimos amigos que no tengo duda serán para siempre. El Club Náutico AFASyN se caracteriza por su espíritu deportivo apoyando iniciativas como esta y cuenta con una activa vida social y un grupo de socios, trabajadores y directivos que se destacan por su calidad humana y espíritu solidario. Gracias Amigos : Carlitos Paulo, Tanito, Mono, Micki, Martin, Roxana, “Petardo”, Gustavo, Daniel, Kati y miembros de la Comisión Directiva que lamentablemente no recuerdo sus nombres (mil disculpas). A toda la comunidad del AFASyN mis más modestas felicitaciones por la tarea que hacen!!!

 

Gallardete del AFASyN
 La tripulación luciendo el gallardete del AFASyN

Compartimos una cena muy bien regada con Daniel y Martín compañeros míos de trabajo que desempeñan funciones en esta localidad. Qué bueno es mi trabajo en donde uno puede encontrar amigos a lo largo de todo el país!. El resto del tiempo fue una maratón gastronómica en el quincho del club y en distintos barcos o bolichones de la ciudad.

En este puerto teníamos un cambio de tripulante, nos dejaba Gustavo y subía Pablito quien tenía pasaje aéreo según lo acordado para el ocho de febrero, pero nuestro adelanto en la fecha de llegada hizo que para que no lo embarquemos a Pablo en algún puerto de la costa patagónica éste adelantara la fecha del pasaje al treinta de enero.

Mientras esperábamos su llegada pusimos el barco en condiciones. Limpieza reaprovisionamiento y reparaciones menores, quedándonos pendiente el trabajo de plástico en el planero que quedó suspendido porque no conseguimos resina en toda la ciudad. Quedará para más adelante.

 

Ushuaia

Como la mayoría sabe, cuándo he hecho algún viajecito escribo estos extensos correos para torturar amigos y familiares a quienes pongo en el compromiso de leerlos y para saciar mi inagotable sed de escritor frustrado. Pero desde que estuvimos en Ushuaia la lista de receptores de los correos ha engordado con mucha gente gruesa del sector náutico que merece ser respetada, además los relatos se publican en la página de ADAN  por lo que he tomado conciencia de la magnitud del asunto y la verdad es que me da un poco de vergüenza. Además debo cuidarme más con las mentiras.

Para quienes son nuevos leyendo estas crónicas les quiero hacer una introducción en relación al nombre y al espíritu del barco. Es común que en el subconsciente de muchas personas se relacione a los veleros como iconos de libertad y soledad, tal vez por la letra de muchas canciones. Les cuento que nada tiene en común con este caso y pido disculpas a quien esta revelación desengañe.
Contrariamente a las tradiciones náuticas cuando compre el barco lo rebautice y para hacer doblete, viole otra tradición que es la de no poner a tu barco el nombre de tu mujer porque es sabido que estos duran más que los matrimonios.

Casi es como tatuarte el nombre de tu primera novia. Pero la realidad de los hechos es que yo conocía bien las fundaciones de mi matrimonio y es que mi mujer, “Soledad la auténtica” ya me conoció jodidamente enfermo y sin cura. Desde que la planté en la primera cita por salir a navegar, hace ya más de veinte años debió intuir lo que le deparaba el destino junto a mí, y acá me agrando porque si me ha aguantado es porque alguna virtud también tendré y los meses pasados en el mar pueden parecer interminables para quien espera pero son fugaces ante una vida compartida.

Tampoco atendí los consejos de mis cuñados cuando me decían que dado que el barco se llamaba Pamela aprovechara para cambiar la mujer por una con ese nombre tan prometedor, que h d p, yo pensaba que me lo decían cariñosamente para salvarme de quien sabe que cuestión pero luego comprendí que en realidad ellos se querían librar de mí. El bautismo del Soledad fue a poco de comprarlo cuando con un puñado de amigos hicimos un viajecito a Punta del Este en pleno invierno con el barco que lo único que tenía eran nuestras ganas de navegar y muchas arañas y cucarachas.

Y cuando digo nada, es nada. Solo una garrafa para cocinar y un paquete de velas para alumbrar su interior en la noche y un compás de navegación. Ni maniobra, ni batería, ni instrumentos, ni piloto ni enrollador. Así empecé a forjar su espíritu que como todo ser vivo tiene y es maleable a las circunstancias. O habrá sido el barco quien moldeo el mío. . .  Como sea. Éste es un espíritu inquieto, un corazón amigo y un espacio para compartir que se afianzó con los años, las millas compartidas, toneladas de yerba mate, metros cúbicos de vino y centenares de vacas que pasaron por la parrilla.

Finalmente llego Pablito como estaba previsto pudiendo adelantar su billete aéreo varios días. Carlitos Menna gentilmente me llevo a buscarlo al aeropuerto y de ahí fuimos directamente a la prefectura a realizar el despacho. Eran notorias las ganas de Pablito de pasear aunque sea un poco por la ciudad así que lo dejamos volver caminando del centro de la ciudad al club náutico mientras nosotros hacíamos aduana y terminábamos el trámite en la PNA. No obstante dejaré constancia que con entereza se las banco y asumió nuestras ganas de dejar el puerto. La despedida como es costumbre no fue fácil y con tristeza dejamos muchos y muy buenos amigos que se acercaron a saludar.

 

el velero Antarkticos
velero Antarkticos
Eran las 1800 y poníamos otra vez proa a Pto. Williams para completar los trámites que nos permitirán navegar nuevamente por aguas chilenas. Entramos a puerto y nos reencontramos con todos nuestros vecinos de amarra en el AFASyN. El Sauvage, Alado, Tangarroa, Tari II, Quijote, Selma y el Manman Dilo. Por la mañana siguiente hicimos un tour burocrático por la capitanía, migraciones, aduana, Sag y otra vez capitanía para  estar legalmente en chile pero como el puerto estaba cerrado ahí quedamos pegados dos días. Increíblemente cierran el puerto cuando las rachas superan los veinte nudos. Condición por demás normal en estos lados.

Con puerto cerrado el club se fue abarrotando de barcos que llegaban de Antártida, Ushuaia y los ventisqueros. Los barcos caían como moscas en la sopa y el club Micalvi no dejaba de facturar.  El eje de cualquier conversación era el mismo y todos querían salir. Después de la tercer noche  se abrió la ratonera y no quedo nadie. Nosotros zarpamos entre los primeros y a las pocas horas nuevamente nos apiñábamos en Puerto Toro. Pequeñísimo pueblo de unas treinta o cuarenta casas, todas oficiales, y sus únicos residentes son 4 carabineros para mantener el orden y el alcalde de mar con su familia. En total ocho personas. El lugar es muy pintoresco, paseamos por los alrededores y charlamos un rato con los únicos moradores. La escuelita tiene un gimnasio espectacular que como no hay nadie tiene sus puertas abiertas y ahí pasamos varias horas entre ping pong, fulbito y tiros al aro. Ya por la noche se entabló a modo de consejo de guerra un debate sobre los pronósticos del clima y cada quien iba sacando partes, climatogramas y ugrib de las mas misteriosas y secretas fuentes. Todos coincidían que en algún momento del día siguiente se vendría un roscón del sudoeste y después de eso habría una ventanita para dar el salto a la cumbre. El único problema era que la hora del pesto difería en cada uno y no estaba claro.

Nosotros estábamos puestos y queríamos salir confiando ciegamente en nuestra prono y al mismo tiempo Micki con toda su experiencia sutilmente me decía ¿ya anduviste alguna vez en tu barco con una rosca de 60 Kn? El debate fue largo para algunos mientras que otros lo hicieron corto diciendo que las cosas no estaban claras y se fueron a dormir para esperar otra ventana. Solo quedamos los que creíamos que a fuerza de discutir cambiaríamos el pronóstico.

Finalmente y con orgullo diré que los únicos barcos que movieron esa misma noche para cruzar Bahia Nassao y aguantar el frente en Caleta Martial fueron los tres argentinos. El Tari II, el Quijote y claro está, el de su servidor.
En realidad el Quijote iba a la Antártida. Siempre bastante juntos, lo que era una tranquilidad enorme para nosotros, bajamos por el paso Goree que separa Isla Navarino de I Lenox. Aquí el Quijote debe regresar a Puerto Toro a revisar un inconveniente en su motor. Siendo solo dos barcos los que seguimos y una vez más  dejare expreso manifiesto que saber que íbamos cerca de Micki con su vasta experiencia y conocimientos de la zona me daba mucha tranquilidad.

Cruzamos B Nassao, llegamos al Archipiélago de las Wollaston y como a las 1130 fondeamos en C Martial. Sin haber dormido esa noche nos acostamos inmediatamente a descansar y lo que sucedió luego fue un infierno.....

Martial
 
En Bahía Martial, el Soledad y Tari II


A las 1400 nos despertó el sudoeste que había llegado y estaba empecinado en descargar toda su violencia sobre nuestra irreverente actitud. Como queriendo decir “¿Así que me desafían?”. La caleta es de fondo plano de arena que representa un buen sustrato para los fondeo, pero la costa es baja y desprovista de vegetación por lo que cuando el viento corre no encuentra obstáculo alguno que lo detenga o lo frene.
Micki me había contado sobre estas cosas y lo duro que se podía llegar a poner si tenías que estar al ancla en este lugar cuando arrecia el sudoeste. Como siempre, mitad ignorante y mitad inconsciente, subestime una vez más a la naturaleza.

Los cien metros que nos separaban de la costa de donde venía el viento eran suficientes para que se formaran olas de más de medio metro y de sus crestas eran arrancados continuos rociones. El barco parecía un barrilete tras el fondeo y latigueaba produciendo escoras de más de 30°. El ruido de la jarcia hacia dificultoso hablar en el interior y por supuesto estar en cubierta era un martirio. Por nuestra aleta de estribor veíamos al Tari II que con sus cuarenta pies se sacudía como nosotros.

En una labor titánica reforzamos los cabos del fondeo, trincamos todo en cubierta y nos encerramos a esperar confiando en que ningún componente falle. Cien veces repace mentalmente el fondeo, del ancla a las cornamusas. Pensé en cada grillete, giratorio y eslabón. Siempre pensando en el momento de la rotura. Cada tanto hablábamos por radio con nuestros vecinos para darnos ánimo.
A la tardecita la vida en el interior se redujo a estar acostado dado que la acción más simple era una proeza. Desde la alcaldía de mar de Hornos nos informan que donde estábamos estaban soplando cuarenta nudos constantes con rachas de sesenta y en el mismo cabo las rachas eran de cien.

Las horas se hicieron interminables pero con el tiempo fuimos confiando que nada pasaría y nos dispusimos a dormir. Solo Anto se levantaría cada dos horas a chequear que no hubiera desgaste en los cabos de amarre. La claridad anuncio el nuevo día pero al viento le quedaba para unas horas más y recién cerca del medio día empezó a bajar como estaba anunciado.
Por la tarde, ya tranquila, pudimos desembarcar y recorrer la bahía que es realmente bellísima.


Martial
 
El Soledad en la Bahía Martial

Por la nochecita acordamos con el Tari II salir para el cabo a eso de las 0500 y mantenernos juntos para poder tomar fotos unos de otros respectivamente y contar así con valioso material en que se viera el barco navegando con la emblemática montaña de fondo. Sumando una más a mi lista de confesiones, les diré que esa noche dormí menos que la anterior. La ansiedad era mayor que el temporal pasado. Como a las 0400 nos levantamos y decidimos arrancar prematuramente sabiendo que ellos con un barco mucho más grande tenían mejor andar y nos alcanzarían en un par de horas.
Así evitaríamos demoras dado que no deberían tener que ir esperándonos.

A la hora de salir empezó a llamarnos la atención que no veíamos acercarse a nuestros compañeros. Siempre somos buenos conjeturando cosas y dimos por descontado que como el Tari II tiene las luces de navegación en el casco, y ya habíamos visto que solo son visibles a muy corta distancia, ellos estaban ahí atrás y cuando amaneciera aparecería su silueta muy cerca. Con el sol despuntando sobre el horizonte confirmamos que ellos no venían. Era imposible que nos pasaran en la oscuridad sin que los viéramos, también nos parecía imposible que se hubieran quedado dormidos. Si contaran con nueva información meteorológica que impidiera la partida nos habría llamado por radio.

Estábamos un poco desconcertados, pero seguramente habían retrasado su salida. Solo tres horas después nos daríamos cuenta que como buenos pajueranos y campechanos habiamos hecho todo al revés, planteando la vuelta en sentido horario y esto nos representó remontar viento y marejada en contra por mar abierto desde el faro del cabo hasta el cabo mismo que están distantes unas cuatro o cinco mn.
Todo un suplicio, mientras que los que saben lo hacen en sentido inverso, ganando barlovento entre las islas y luego se descuelgan para cruzar navegando con vientos de popa.

Otra vez me sorprendo cuan atolondrado puedo ser y sin duda este error se debería anotar en nuestra bitácora de errores si la tuviéramos. La verdad es que si llegamos hasta aquí no fue por talentosos, superdotados o habilidosos sino, más bien por tenaces y sobre todo por cabezas duras. 

Para esa hora ya soplaban más de treinta Kn y como gato arisco el lugar nos mostró sus afiladas garras, intimidantes, pero fue piadoso y nos dejo pasar a la vez que nos recordaba donde estábamos. Y la verdad prefiero eso a pasar a motor sobre un mar de aceite ante el más temido de todos los cabos.


el Soledad en los 55º59S

Una vez que entramos en aguas del pacifico nos encontrábamos en latitud 55° 59’ S y brindamos emocionados entre nosotros y con los valerosos marinos que dejaron sus vidas en estas aguas. Festejamos y hasta se piantó alguna lágrima que sin duda fue por el viento y el agua salada. Estábamos llenos de orgullo y satisfacción no solo por acabar de doblar el cabo sino por el éxito de la empresa que habíamos montado tan llena de limitaciones técnicas y personales.

Por eso con humildad confesaré que no pretendo hacer uso de ningunas de las tradiciones que doblar este cabo me hacen acreedor.

Tal vez si hubiéramos alcanzado los 56° S . . . Pero el verdadero motivo es que ya de regreso cuando vi los videos y las fotos de esa remontada violenta y vi nuestras caras de terror me di cuenta que aunque no éramos conscientes estábamos muy asustados (claro está que esa evidencia grafica ha desaparecido) .


Victor
 
Festeja Daniel Cordero!!!

El cabo intimida y es saber que éste hito marca el fin del mapa del continente americano y allá a donde mirás, al segundo y tercer cuadrante, no habrá otra cosa que océanos antes de la tierra que el continente blanco a cientos de millas. A mí eso me genera mucho vértigo.

 
 
Pablo Sad
 
 
Antonio Herrera
 
No permanecimos mucho tiempo en ese lugar y pronto dimos la vuelta y regresamos hasta el faro para fondear al reparo de la caleta León y desembarcar en la isla. Aquí nos juntamos con el Tari II que sin emitir palabra alguna nos demostrábamos que habíamos hecho las cosas al revés. Pero quien nos quita lo bailado !!!

La punta donde se emplaza el faro es bastante baja y toda cubierta por turba. Por pasarelas de madera se accede a el monumento de los albatros, una capilla y al faro con la casa del Alcalde de mar. Ahí vive Samuel con su esposa y dos niños. En una sala de la casa uno puede comprar algunos suvenir y sellar el pasaporte o algún documento que le permita luego chapear ante sus amigos. Uno de los chicos sello hasta la ropa interior. No sé a quién querrá impresionar?


Monumento al albatros
 
Al pie del monumento al Albatros Pablo, Antonio y Daniel

 Cerca del mediodía abandonamos el lugar y con buenas perspectivas de clima desandamos el camino para, tras casi veinte horas, regresar nuevamente a Pto. Williamns. Por la mañana fuimos temprano a hacer nuestro ingreso y ya nueva salida por si cerraban el puerto.

Nuestro próximo destino decía Puerto de Bahía Blanca y escalas....me impresionó un poco!!!

También hicimos el desembarco de nuestro querido tripulante Daniel que por razones familiares debía regresar urgente, quedando el compromiso que si se daban las cosas se subirá en algún puerto más adelante.
La despedida fue muy rápida e imprevista por lo que no llegamos a tomar conciencia de lo que representaba y lo que pesaría su ausencia. A poco de terminar los tramites ya habíamos resuelto que Dani regresaría a Ushuaia en le Tari II para allí tomar un avión.

Todos estábamos listos cuando como sospechamos cerraron el puerto y otra vez quedamos varados. 
No fue hasta la mañana siguiente que en condiciones iguales o peores lo habilitaron y todos salimos como malón. El viento fresco del W nos llevo rápido por el Beagle hasta el Atlántico y ahí bordeamos toda la península Mitre.

Con motivo de esperar la marea propicia para cruzar Le Maire decidimos fondear en bahía Buen Suceso y también aprovecharíamos para descansar unas horas dado que en esos momentos ya eran la 0300. También nos seducía la idea de conocer el lugar. Pero cuando radiamos al destacamento que allí tiene apostado la Armada nos informó que no podíamos ingresar a la misma salvo fundadas razones de fuerza mayor.

Inquirí sobre cuáles eran tales condiciones a lo que me responden que problemas de máquina o temporal. Como no se daba ninguna de las dos y ante las pocas ganas de trabar una discusión con un pobre chango abandonado en este páramo y sin tener otra cosa que hacer que fastidiarnos decidimos continuar sabiendo que estábamos jugados con el tiempo que según mis cálculos se daría vuelta la marea entre una y dos horas antes de alcanzar Pto Hoppner.

Pues no había tiempo que perder! Saludé cortésmente al oficial de guardia con un “hasta nunca” tratando de poner vos de póker en lugar de cara de póker y me quede pensando en la función que estos ejercen allí.

¿Tendrán una base ultra secreta?
¿Será nuestra área 51?
¿A qué juegan estos muchachos?
¿Y si la voz que informaba que un velero fondearía fuera femenina la respuesta hubiera sido la misma?

La sensación que me dejó  en contraste con lo visto a lo largo de todo lo navegado en Chile, donde la excelencia, calidad y compromiso de servicio al cuidado de sus marinos se destacan sobre cualquier cosa, acá se ejerce la insoberanía al negar el ingreso a un recóndito pedacito de nuestro territorio a un velero de bandera nacional.

Demás esta aclarar que no deben ser muchos los que pasen por ahí.

Por otra parte, a cada luz que ven pasar por el estrecho, lo llaman para requerir información, porque supuestamente hacen control marítimo. Se cansan de llamar sin que les den bola. ¿No saben que con un receptor de AIS de U$s 150 pueden tener toda la información y cursarles llamadas DSC?
Están pintados al oleo y no sé que es peor, si no se dan cuenta o no les importa. Podría seguir despotricando pero mejor me concentrare en las cosas buenas.

Cruzamos Le Maire con los últimos 6 duodécimos de la marea según dicta la regla....

Fuimos muy veloces. Basta aclarar que mientras la proa hacia rumbo sobre el agua de 110° a 5 kn, sobre el fondo íbamos a ocho y medios kn con rumbo verdadero 30°.
Pero como suponíamos, con los albores del nuevo día y a una hora de nuestro destino la marea sin cambio gradual empezó con violencia en sentido contrario así que esa hora que nos faltaba se convirtió en casi cuatro.

Hoopner
 
Puerto Hoopner

Puerto Hoppner es todo un paraíso perdido. La geografía es abrupta, las montañas muy altas y la bahía muy protegida. Llena de islotes, cascadas y mucha vegetación. Digna de una película de Spilberg.
Fondeamos en el saco interior de la bahía por lo que tuvimos que ingresar por un paso estrechísimo de no más de diez metros de ancho y 3 de profundidad. Pasado este umbral se habría ante nuestros ojos un paisaje de una belleza sin igual.

Por la tardecita y aprovechando la marea salimos para Puerto Parry a unas pocas millas con intención de visitar el único puesto habitado de la isla. Se trata de una base de la armada y considerando lo que nos ocurriera la noche anterior íbamos un poco cargado de prejuicios (bueno mejor dicho, bastante cargados. Como en el cuento del crique) pero sin embargo descubrimos que los mismos no tenían fundamentos.

Fuimos muy bien recibidos por la dotación de cuatro personas. El jefe, un enfermero, un maquinista y un infante. La sensación que nos quedó es que estos pobres muchachos estaban ahí castigados o exiliados. La base se encuentra al final de un seno desde donde no se ve el mar y no cuentan ni con una mísera embarcación. Las instalaciones son muy precarias, un edificio hace de cocina y comedor mientras que el otro de dormitorio. Además tienen un galponcito para el grupo electrógeno y otro de depósito.  Estos muchachos cumplen su apostolado durante cuarenta y cinco a sesenta días y en lo que va del 2013 (10 de febrero) éramos los primeros visitantes que entraban, así que fuimos calurosamente recibidos. Gentilmente nos prestaron el baño para ducharnos e invitaron a cenar unas pizas a las que retribuimos para su alegría con unas cervezas. Ojeamos el libro de visitas y allí dejamos, entre gruesos navegantes de verdad, nuestra modesta impronta. “El Soledad paso por acá”


Parry
 
Puerto Parry

Por la mañana bajamos a despedirnos de los marines y como a las 0930, otra vez tarde con la marea (que carma), salimos para San Juan del Salvamento. El día radiante nos permitió contemplar en toda su magnitud lo que llaman la isla de las nubes y el corazón otra vez se inundó de fuertes sentimientos ante este pedazo de patria, olvidado por todos, que le debemos a nuestro querido Luis Piedrabuena junto al resto de la Patagonia.


Fondeados en S. Juan de Salvamento
 
 Fondeados en S. Juan de Salvamento

Como patagónico por elección el conocer este lugar emblemático de nuestra historia representaba una asignatura pendiente desde hace muchísimos años y es para mí, en realidad, la coronación de todo el viaje.
 

Refugio
 
Victor, Antonio y Pablo

San Juan del Salvamento es en realidad el faro del fin del mundo que inspirara la novela de Julio Verne y no entraré en detalles sobre la vida e historia que pueden buscar en internet pero les contaré que desde hace pocos años, financiado por Francia, se reconstruyó a nuevo respetando el proyecto original. Además de su función de faro cumple con al de refugio. La puerta está sin llave y los visitantes lo usan y lo mantienen perfectamente limpio y equipado con anafe con gas, colchones y frazadas, vituallas y agua que se recolecta de la lluvia mediante un sistema de canaletas. En unas de sus paredes los visitantes dejan recuerdo y en su libro de visitas nuevamente el Sole plasmó su paso.
 
tripulación
 
Victor, Pablo y Antonio

Es un lugar increíble para quedarse algún par de días si uno no tuviera la preocupación del fondeo.


SJS
 
Desde el agua el  refugio de San Juan del Salvamente

A última hora decidimos aprovechar el buen tiempo y cobramos ancla para poner la proa al norte sin saber cuántos días o que escala haríamos dependiendo de la meteo o de nuestro aguante, pero con la felicidad que cada milla que hiciéramos sería una menos al tan ansiado calor del que Miguel a diario nos cuenta y padece.

Como es de esperar la remontada es lenta y cuando las Pilot Chart auguran para febrero vientos del tercer y cuarto cuadrantes nosotros encontramos el viento predominante del Soledad. (Esto quiere decir de jeta). Los dos primeros días con sus noches nos lleva adaptarnos a esta nueva forma de navegar de corrido. Con rutinas, guardias, incomodidades y privaciones pero luego con el correr de los días el tiempo y las distancias cobran su real dimensión. Todo se mide de otra forma, todo cuesta más y uno empieza a valorar y respetar otras cosas en un mundo donde nada es exprés ni inmediato. Las cosas simples cobran sentido y las importantes se tornan triviales.

El tercer día de nuestra travesía entra el deseado sur que nos lleva directo en nuestro rumbo y de puro gusto me puse a timonear, cosa que no recuerdo cuantos años no hacía. Esto nos permite largas barrenadas haciendo velocidades temerarias. Navegamos entre dos olas, una grande del sur y otra más pequeña del sudoeste y cuando se juntan las crestas ocasionalmente se forman rompientes así que debía ir atento.
 
Después de unas horas había tomado la mano de la dinámica y ya me podía anticipar a todas las rompientes ya sin mirar para atrás pero en un momento no apareció donde debía estar la ola de SW y en otro momento surgió como un volcán emergiendo de las profundidades  un vomito de agua que se elevó verticalmente como dos metros y luego se desplomo sobre nosotros. En la décima parte de lo que tardo en contarlo estaba en el cockpit, sentado y completamente anegado hasta la cintura. “Mierda!!!!” grite. Acababa de empapar con agua salada el traje que la noche anterior había lavado mientras lo tenía puesto en un fuerte aguacero.

Hasta aquí llego mi iniciativa de timonel aunque el hecho no se volviera a repetir. Como todo, el sur paso, nos encalmamos y luego soplo de acá y de allá y otra vez borneo, pero con la información que nos fue dando Miguel de los pronósticos podíamos elegir hacer dos bordes prestados en vez de dos negados y siempre sacar provecho a los cambios de viento que de antemano sabíamos que tendríamos .

Cuando pasamos por Isla Pingüinos a unas nueve millas náuticas de Puerto Deseado tuvimos un encuentro cercano con los escarceos de marea y aprendimos mucho sobre ellos....

Como por ejemplo que siempre hay que tratar de evitarlos. Por momento la proa apuntaba al cenit y en otros se enterraba en el agua hasta el tambucho de proa. Ocasionalmente la hélice pateaba afuera. En esas vicisitudes estábamos cuando una tormentita, de esas de verano, paso sobre nosotros con fuertes ráfagas  y lluvia abundante.

Desde la Prefectura salió el aviso de mal tiempo....chocolate por la noticia!!!! y la novedad de..... puerto cerrado!!!

No sé si fueron los escarceos, el mal tiempo, que nunca había estado en Puerto Deseado, que llevábamos cinco días navegando, la necesidad de una ducha o un corderito patagónico, o tal vez la suma de todas ellas que decidí entrar a puerto para felicidad de los chicos.

Cuando ya estábamos muy cerca de la ría el viento había calmado por completo. El sol brillaba nuevamente y Miguel nos confirmaba que había buenas condiciones para seguir pero la verdad es que por mi seguridad no me animé ni a insinuarlo. Como otras veces les contare de esta estadía en la próxima entrega. Sepan disculpar mis limitaciones literarias.
Hasta la próxima.
Saludos, besos y abrazos según correspondan.
F y Tripu.
 
Nota Editor:  Victor Felipe, capitán, Daniel Cordero, Antonio Herrera y Pablo Sad

 

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