Certificado Faro del Fin del Mundo Imprimir E-Mail

Por Carlos Biscioni - Socio Fundador de ADAN - Presidente de ATNA

La Armada Argentina y A.T.N.A., Amigos de la Tradición Náutica Argentina acordaron otorgar el Certificado FARO DEL FIN DEL MUNDO a toda embarcación deportiva que navegue en las inmediaciones de la Isla de los Estados, a efectos de reafirmar la soberanía argentina sobre dicha isla.
Se establece como inmediaciones a la zona comprendida entre los 54º 30´ latitud S, al norte, 55º 05´de Latitud S, al sur, 65º 00´ de Longitud W al oeste y 63º 30´de Longitud W al este. La fiscalización de las embarcaciones será responsabilidad del Servicio de Comunicaciones Navales a través del Servicio Auxiliar de Radioaficionados de la Armada.

Faro del Fin del Mundo

El Faro del Fin del Mundo

El jueves 28 de mayo del 2009 en la Corbeta ARA Uruguay, en Puerto Madero, se entregó el Primer Certificado FARO DEL FIN DEL MUNDO al velero Fortuna II. Este Certificado fue creado por A.R.A. y A.T.N.A. y se otorgará a toda embarcación deportiva que navegue en las inmediaciones de la Isla de los Estados, a efectos de reafirmar la soberanía argentina sobre dicha isla.                                                 

Luego de la entrega del certificado al CC Gustavo Lioi Pombo y un presente a la tripulación, el capitán del velero Fortuna II CC Gustavo Lioi Pombo dió una Charla sobre la experiencia de esta navegación de más de sesenta días hasta nuestro sur, la misma fue acompañada por imagenes de la navegación, de los puertos que se tocaron en las distintas piernas y de la Isla de los Estados acompañado por una nutrida concurrencia de autoridades navales, navegantes deportivos y familiares de la tripulación.

faro

Faro San Juan del Salvamento - Isla de los Estados

Una de las zonas más dificiles de navegar que han quedado graficadas en estos párrafos:

"Al año, más o menos, de construirse el faro, pasé aquí uno de los momentos más angustiosos de mi vida. Era al final de un mes de octubre. Desde hacía días se notaba por toda esta región anuncios de un desequilibrio atmosférico. El viento soplaba a intervalos, tan pronto del norte como del rumbo opuesto; el  barómetro bajaba lentamente, se estacionaba, subía y volvía a descender. El cielo se cubría de nubes, de nimbos bajos, que permanecían quietos. Se sentía calor y exceso de presión y cosa rara en estos parajes, se veían entre las nubes más distantes relámpagos continuados.

"En estas inquietudes estábamos cuando se declaró la tempestad. Serían las dos de la tarde; todo estaba en un aparente reposo. De golpe se sintió bramar el huracán, el mar se convulsionó, como si un maremoto hubiera conmovido sus profundidades. Aquello fué algo indescriptible; semáforo y mástiles cayeron tronchados; voló el techo de la torre y nuestras viviendas fueron arrasadas. Los golpes de mar montaban más y más, amenazando llegar hasta la farola, pero no creíamos que tal amenaza pudiera realizarse, cuando de pronto una sucesión de olas alcanzó el parapeto, destruyó el hormigón del semáforo, y otras olas, que siguieron sin intervalo, removieron las piedras del borde arrojándolas contra los vidrios de la linterna. Una ola deformó dos planchas de la torre y penetró en ella haciendo bambolear la armadura central y volteando lámparas y reflectores.

"Agreguen a este cuadro la violencia del viento y la obscuridad. Creímos que aquello era el final del mundo y que todo quedaría barrido por el mar. No hay recuerdo de que por estas regiones haya acontecido nada ni siquiera semejante. Pero la excesiva violencia se apaciguó en un par de horas. Clareó el horizonte y una lluvia torrencial de media hora calmó la violencia del oleaje.

"Así que tuvimos luz nos pusimos a reparar los desperfectos. Ayudados por el personal de la subprefectura y recurriendo a todo material de repuesto, pudimos, después de seis horas de ímproba tarea, normalizar el funcionamiento de la linterna. Serían las once de la noche cuando se iluminó la farola y ¿qué vimos?... ¡Nos quedamos como petrificados! ¡La silueta de un buque, que parecía enorme entre las sombras, navegando a todo trapo con proa al cabo San Juan y a menos de ocho millas de distancia!... y avanzaba, avanzaba, a pesar de la luz ... pero al darse cuenta del peligro, cambió repentinamente su rumbo. ¡Venía buscando el faro y al no verlo seguía confiado su derrota ...!"

Relato del contramaestre Frigerio, encargado del viejo faro de Punta Lasserre, San Juan de Salvamento, Isla de los Estados, (c.1885). Del libro (F38) "La Novela del Mar del C.Almte. Mariano F. Beascoechea, pág. 81-82
                                            

 
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