velero Lucero, un Cadete en el Caribe - 2da etapa: Florianópolis - Angra Imprimir E-Mail
por Ricardo Molina - Asociado 145  
Al entrar en Imbituba, el puerto al sur de Florianópolis, deje mi velero Lucero, para tomarme un bus a Laguna para ir a buscar al Alfa 25 y saber como habían llegado. Los encontré ahí, grandes abrazos y anécdotas del temporal, habían entrado a Laguna y los había barrido en la entrada una ola que los tapo completamente.
Hice dedo hasta el faro de Santa Marta, temible lugar para los navegantes por las terribles tormentas de esa latitud. Llegué al faro y agradecí haber pasado sin problemas por ese temible lugar; en ese mismo lugar conocí a una mujer muy bonita que meses más tarde se transformó en un gran amor, ella era de San Pablo y estaba de vacaciones.
cadete Lucero
El cadete Lucero hacia el norte
En Florianópolis podía estar un mes sin pagar en el club náutico de la isla por ser extranjero, por lo tanto, me dedique a conocerla, una verdadera maravilla en todos sus aspectos, playas, su pueblo, su gente la laguna, hay de todo y para todos.
Pude aprovechar esa estadía para hacer reparaciones. Había logrado llegar a la isla a pesar de todas las dificultades climatológicas y lo que era mas importante, a pesar de mi mismo, que es la traba más grande para los que soñamos salir algún día a navegar por ahí.
De Florianópolis para arriba ya era más fácil, había alternativas de muchos y variados pequeños puertos para ir recalando de a poco. Partí siempre para el norte y con una navegada tranquila de un día arribe a un minúsculo puerto de pescadores, un poco antes de Ganchos, por el cual, por mi calado,  podía pasar con mis 1,45 m  me lo permitía.
Ya estaba navegando en solitario y quería hacerlo tranquilo.

lucero

Al otro día volví a partir con vientos suaves hacia la famosa Bahía de Ganchos a la que llegué sin problemas, luego de descansar, a la mañana, con la mayor y un foque partí para Caixa d'Aço,  un lugar cerca de Bombas y Bombinhas, todo muy bonito, pero tuve que aguantar otro temporal del sur, que son los mas temidos por mi. Del norte no había manera, había que quedarse en puerto porque no se puede hacer  proa y del sur, hay que salir después del frente.
Desde la Ensenada de Portobelo, salí para Sao Francisco do Sul distante unas 60 millas,  pero decidí entrar en Ponta da Itapocoara, unas 20 millas al norte, otro pueblito de pescadores e hice noche ahí. No me gustaba como estaba el tiempo, pero finalmente decidí hacer las 40 millas distantes hasta la entrada de Sao Francisco.
El tiempo estaba nublado, no se sabia  que pasaría, pero me dejó entrar con un sudeste suave a la intrincada Bahía llena de boyas indicando rocas  superficiales, para los que hemos navegamos en el Rio de la Plata, esto es un juego de niños.
Hasta ahí las navegaciones fueron suaves y prácticamente sin motor  dado que mi Volvo Penta, seguía con algunos problemitas.
Esta ciudad una verdadera maravilla arquitectónica del pasado colonial, con su frente  a la Bahía del colonial portugués de vivo colores, todo bien conservado. Lo que no sabia  yo es que me iba a quedar  30 días en ese lugar!!. Fondeé frente a la ciudad cerca de un club náutico para bajar con el bote, que por ese entonces era una balsita amarilla de Ferramar con un Jhonson de 2 HP.
Bajo y enseguida comencé a hacer amigos, que de donde vengo, que estoy loco, que vamos a comer a mi casa y  así interminablemente, tantos gratos recuerdos!!!!.
La primer semana un temporal del sur azotó la Bahía donde no es un buen  lugar para anclar, luego decidí arreglar el motor, pero sin resultado, finalmente me di cuenta que era un problema del bobinado del dínamo, que hace las veces de motor de arranque y cargado de la batería, , tengo una sola de 90 amp,  que en realidad no cargaba nada, solo sobrevivía con el eólico, una verdadera maravilla, con tanto viento funciona perfecto!!.
A las dos semanas supe que si navegaba para el interior de la Bahía hasta Joinville podría arreglar el dínamo ya que en esa ciudad había buenos técnicos. Así lo hice, deslizándole  adentro a 1 o 2 nudos de velocidad,  llegué  al club, donde dejé el barco y en bus pude ir y volver con el problema resuelto.
A la vuelta en Sao Francisco decidí esperar buen tiempo para partir a Paranagua, pero el destino me reservó otra sorpresa, apareció una mujer  de origen alemán de unos 35 años con la que pasamos unas buenas veladas, ella estaba de vacaciones y era de Camboriu.
Finalmente se dio el buen tiempo y partí después de un frente del sur, fue muy movido,  con 15 a 20 nudos del sur, el cadete volaba, tanto que comencé a preocuparme, debía bajar el speed, ya que la entrada a Paranagua, a distante unas 40 millas, no era lo mejor para arribar con ese tiempo, es un canal rodeado de arrecifes y con olas rompiendo por los cuatro costados, fue una imagen dantesca, un infierno, pero no había mas remedio, tenía que entrar, ya se hacia de noche y atrás venia otro frente.

lucero

Nunca me voy a olvidar de ese canal de entrada, con un motor que en cualquier momento se apagaba, con corrientes que me arrastraban a los corales y con unas olas que se generaban por la contracorriente de salida de la gran Bahía chocando con las olas del sur.
Me encomendé a todos los santos y puse el pecho a las balas. Fue  de terror, pasar entre una gran piedra y la isla  do Mel, con olas de todos los flancos!!!.
Cuando supere el paso inmediatamente fui a fondear a una playa de la isla para descansar y tirar el ancla para aguantar  el pampero. Craso error,  el pampero golpeó con toda su furia sobre el Lucero que estaba protegido de las olas por los arrecifes,  pero no del viento y de las enormes corrientes del lugar.
Las  corrientes me giraban como un trompo y empecé a garrear en el medio del temporal, el destino…….la playa!!. Yo creo que 30 metros antes del fin, agarró el ancla en algo y el Lucero y su capitán se salvaron.
Al otro día me enteré porque me había salvado, el ancla había caído en una fosa natural del lugar, donde me costo medio día sacarla, tenia dos anclas, no podía perder una.
Al otro día entre en el delta de Paranagua escoltado por veleros domingueros  del lugar, buena gente, arrojo el ancla,  luego de una hora,  frente a la ciudad colonial de Paranagua.
Nuevamente el destino me hace quedar 30 días en este precioso lugar y también  me dedico a mejorar otro problema del motor, del que  no me había percatado, en Brasil a la nafta  le ponen alcohol, lo cual le hace un grave daño al encendido del motor.
Había llegado a esa ciudad  que iba a cumplir 500 años de su fundación y se preparaba para una gran fiesta y por supuesto, yo también. Frente a donde había fondeado existe un pub  con música  donde me hice habitué, con los beneficios que me reportaba ser extranjero, navegante, solitario y con el velero-casa frente al bar!!!
Llegó la gran fiesta y realmente disfruté mucho la ciudad, sus hombres y mujeres de todo tipo y condición social, los que pasaban por el lugar. Pude hacer amistades y una de ellas, una interesante mujer de la ciudad de Curitiba me invitó a su casa  en esa bella  ciudad.
Me llevó con su auto, me quedé una semana con ella,  pero ya me quería volver corriendo a mi barco, se quería casar y todos esos cuentos!!!
Para volver me tomé un antiguo tren de montaña, famoso viaje de los guías de turismo, tren que bajaba hasta Paranagua, el hermoso viaje pudo hacer que me olvidara de las historias amorosas de Curitiba y disfrutar de ese tramo realmente fantástico.
Una vez a salvo de las garras femeninas, en este caso particular por supuesto, levanté anclas y partí al interior de la Bahía en busca del puerto de donde había partido Slocum en su primer viaje, su pequeño barco El Liberdade, lo había construido en Paranagua y llegado con el a Nueva York.
El pequeño puerto se llama Antonina, muy bonito pero temible lugar para esperar un pampero, tuve que arrojar dos anclas para no terminar en las piedras. Nuevamente vuelvo a Paranagua y decido partir para Santos. Me  aguardaban 145 millas. Temibles millas en un lugar de grandes temporales, que hicieron naufragar a grandes naves de la época de la conquista, el temido golfo de Santa Catarina.

lucero

El Lucero y su único tripulante tragaron saliva y se lanzaron a la aventura. La salida del canal esta vez fue mas armoniosa, había pasado un frente tres días atrás y la marejada era tranquila.
Siempre partiendo en la madrugada,  sorteo Escila y Caribdis y salgo a mar abierto, de inmediato  la bella no era tal y aparece la bestia, cometí un error climatológico, el frente había pasado pero atrás venia otro, lo que prometía ser una navegación paradisíaca se iba a transformar en navegación de supervivencia.
Comencé a buscar con cierto stress alternativas de reparo para no quedarme  dentro del fondo negro que se veía en el horizonte y lo encontré, me habían hablado de la isla de Bom Abrigo, los pescadores la usan en estos casos, de inmediato saqué los cálculos, eran 30 millas  hasta el lugar, entonces,  apreté el acelerador a fondo, mayor con 2 rizos y yanquee y el Lucero volaba a 6/7 nudos con un sudeste moderado, me fije bien en la carta, como era la isla y donde se escondían los pescadores, la isla es muy pequeña y la playita también, “…espero que haya pocos barcos…”,me dije.
Y el universo  de nuevo estuvo de mi parte, con el pampero a mis espaldas, con rayos por todas partes, y ya entrando la noche, llego a Bom Abrigo y desesperadamente doy vuelta la isla buscando la playita, ya de noche y con las primeras ráfagas, pero veo cientos de lucecitas de barcos de madera unas al lado de otra, no había lugar para nadie, estaba a vela, sin motor entre los palos bamboleantes de los pescadores, no había opción, tenia que fondear inmediatamente, pero de repente de entre los barcos me gritan....
- Amigo, toma el cabo…!!!
De un barco, me arrojan un cabo, lo hago firme y cae el temporal con toda la furia, me encomiendo el alma  a todos los dioses del olimpo y  veo lo que pasa. Nadie garrea, pero enseguida del mismo barco me gritan nuevamente y me dicen: 
- Esta solo? 
- Digo que si , y me responde una voz femenina
- Venga a cenar una buena sopa !!!
No lo podía creer, pero de inmediato  fui hasta la proa en medio de la lluvia y me subí al otro barco, pensando, serian pescadores gay’s?
Me equivocaba, era el padre con  sus hijas y esposa, todos pescadores, sus hijas una mas bella que la otra, el barco era como de 10 metros, totalmente primitivo pero muy acogedor.
Fue una cena inolvidable, me quería llevar una de sus hijas con promesas de devolución pero no me creyeron el cuento chino……..
Al otro día  del paso del temporal, quedó una resaca grande de olas pero se podía continuar, así que, con ganas de quedarme a pescar con ellos, pero igualmente partí para Santos, 110 millas  me aguardaban.
Durante todo el día fui con dos manos de rizos, timón de viento y foque, navegaba a unos 5/6 nudos, todo bien, pero hacia la noche pude ver a mis espaldas y ya era como una sensación que me hacia dar vuelta, sabía que algo se estaba gestando, y no me equivoqué, había algo pero no sabía de donde.
Toda la noche continué con ese sabor amargo de no saber de donde aparecería el monstruo. A la madruga  lo supe, del sudeste, que iba tomando fuerzas, felizmente ya estaba en las puertas del peligroso Santos, se forma como un embudo contra la costa y de inmediato al fondo, uno entra a un canal  cerca de la playa. Una encerrona con vientos del sur, fatal para veleros pequeños. Entré en la Bahía y el viento aumentó, las olas, ni se que altura tenían, eran tan altas que un carguero que entraba a puerto casi detuvo la marcha para hacerme de escudo y que pudiera salvar el velero!!!
Así lo hice, pude entrar en el canal, parecido al río Lujan, muy contaminado; busque el club  de Santos, que me daba 5 días gratis y así lo hice. Un club  para millonarios que miraban al Lucerito desde arriba de sus torres  de Mega Yates, ahí pude ducharme con pisos de mármol de Carrara, agua  caliente y un servicio de pronóstico de tiempo muy bueno.
La ciudad de Santos una belleza, muy personal, por un momento, ciertos lugares me hicieron recordar a la Recoleta y sus lugares elegantes.
Del club de millonarios a los 5 días me fui a otro club que me dio cobijo, pero baje totalmente de nivel, ni agua para bañarse había!!!
Que se va ha hacer, uno se acostumbra rápido a lo bueno.

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El próximo destino era la isla de Sao Sebastián, la famosa ILHABELA!!, 
Ya había comenzado a entrar en contacto con la maravillosa  mujer que había conocido en el cabo de Santa Marta y queríamos volver a encontrarnos en esa isla, todo prometía convertirse en una…luna de miel.
Salgo de Santos con vientos suaves del sur, me esperaban 60 millas hasta el club de la isla. Así fue, viaje tranquilo con mayor a tope y genoa, fui llegando de noche  al canal entre la isla y el continente, ya sin viento, encendí el motor y hurra!!!…….arranco y pude llegar a 2 nudos , puf,puf,puf, hasta el club.
Una belleza de lugar y con bayas para amarrar. A la mañana siguiente me presento en secretaria y todo perfecto, un mes gratis !! .......En el mejor lugar de la isla !
Me quede un mes y en ese lugar comenzaría una bella historia de amor  con  la bella  mujer de San Pablo. La isla es fantástica,  muy elegante, cita de los paulistas de dinero en el verano.
En breve se produce el encuentro con mi amorcito y pasamos unos días fantásticos en el Lucero, ella tenía que regresar a sus tareas  profesionales y yo ver que hacer.
Esta mujer hermosa me había atrapado, sus encantos me habían hecho sucumbir como las sirenas de odisea, en las arenas del romance.
Quedamos en volver a encontrarnos en otra isla. Durante mi estadía en la isla pasaron cada 7 días varios frentes furiosos del sur. Espere un poco y zarpe hacia  la Bahía de Ubatuba, distante unas 30 millas. Fue un viaje placentero y espere que el tiempo mejorara un poco más para salir para Paraty, distante unas 40 millas.
Próximo lugar de encuentro con mi amorcito, zarpe una mañana gris y con poco viento fui acercándome a la Ponta da Joatinga, que los brasileros llaman Eros bautizaron el cabo de hornos de Angra Dos Reis.
Se calmo el viento y tuve que virar el cabo a motor, interminable trayecto hasta una playita  donde fondee y me dispuse a dormir, había llegado a Angra dos Reis, lugar que muchos años atrás tenia pensado y soñado visitar en un velero. 
lucero 
Ahí comenzaría otra etapa de mi vida, era agosto del 2003 y había partido del puerto de Buenos Aires en marzo del 2003.
Disculpen la resolución de las imágenes, son de papel, salvadas muchas veces hasta que las pude escanear.
Ricardo Molina - junio 2010 - Isla Margarita
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