Relatos de navegantes

Un velero en los mares del Sur – Parte III

Por A. Bécquer Casabelle

A las cinco de la mañana del jueves 27 de enero largamos los cabos y pusimos proa a la Estación «Gran Muralla» de la República Popular China. Fondeamos a media milla una hora más tarde. Habíamos sido informados que los chinos tenían una diferencia horaria de cuatro horas más por lo que, cuando nuestros relojes indicaban las 08:00, para ellos sería mediodía. Pensamos que ese era un buen momento para ir a golpearles la puerta y así lo hicimos. Nos recibió un chino calzado con pantuflas y la almohada marcada en el rostro. Era cierto lo de la diferencia horaria, pero se trataba de una hora menos, así que eran las 7am

El jefe de «Gran Muralla» y un grupo de científicos nos invitaron a tomar té y nos obsequiaron con gorros. Al mediodía un grupo abordó el «Callas» y retribuimos sus atenciones con vino, fiambres, queso y galletitas.
«27/1 13:30. Zarpe hacia Enterprise -escribió el capitán en la Bitácora-. Se rompe pata de motor y doblado el eje. La pata la podemos reparar en la base china. El problema es el eje y debemos varar el Callas. Primero vamos a almorzar y convencidos de que «sólo el sufrir, acerca al Señor» encaramos esta situación con ánimo y buen humor. Gracias a Dios nos pasó en una de las mejores caletas de las Shetland del Sur. Tiramos un cabo a tierra y comenzamos la reparación.

«28/1. Logramos fabricar las patas en la base china y enderezar el eje en la rusa Bellingshausen todo en armonía y a la noche Carlos hizo salsas italianas y los chinos fideos. Comimos juntos en la base, Becquer hizo pruebas con una aguja en el cuello y yo con las cartas. Se divirtieron mucho. Luego fuimos a terminar la pata del motor con el Gato (Curuchet). A la noche soplaron 40 nudos. El barco golpea en el fondo, pero no creo que se dañe. Es mejor estar en puerto.
«29/1. Colocamos el eje pero aún queda excentricidad. Carlos hizo ñoquis del 29. El viento es muy fuerte (40 knots). La banda de babor se golpea mucho contra el muelle. Hay que sacar el eje y llevarlo a la base Arctowski (de Polonia). Guillermo (Tarapow) se preocupa por nosotros. Me duele sentir los golpes que recibe el Callas. Nos vamos a dormir empapados.

«30/1. Son las 08:00, es plea y el mar está calmo. Al 1/2 día sacaremos el eje y a peregrinar con él. La banda de babor es un desastre, incluso tiene hundimientos en la chapa. Ya comienza a soplar nuevamente. Extraño mucho a Sandra e hijos.
«30/1. Vamos a base Artigas y hay parrillada, luego retornamos a Bellingshausen y de allí a Gran Muralla. Contacto con buque ruso y confirman que pueden reparar el eje.
«31/1. A la espera de arribo de algún buque. Comunicamos con L-11 (Defensa Civil de Ushuaia) y hablo con mami. Visita de brasileros y los científicos alemanes. Esta isla es un gran disloque, quien más quien menos tiene sus problemas. Es interesante.
«3/2. A las 09:30 abordamos al Akademic Shulenkin y dejamos el eje en la tornería para rectificar. Nos invitan a almorzar y a las 13:00 estamos de regreso en el Callas con el eje. Es un día de sol radiante. Ahora a esperar la baja para poner el eje y ver cómo funciona. Ha vuelto el ánimo y renovadas esperanzas para nuestro viaje… Fue una buena lección en todos los aspectos.

«4/2. Ayer fue embarcado en el Bremen (motonave alemana de turismo) un eje que nos facilitó Don Vicente (Padín) y lo trae Giro. Hoy a las 06:30 colocamos el eje y creo que puede llegar a funcionar. La marea es baja pero al 1/2 día intentaremos desvarar el Callas. Escuchamos un velero francés que fondeó frente a Frei.
«5/2. A las 23:30 hacemos otro intento para salir de la varadura y escorando el Callas logramos que comience a retroceder. ¡¡Salimos!! Nos fondeamos en el saco del fondo a 7 m de profundidad. Hay 18 knots sin olas.
«6/2. A las 08:00 bajamos a tierra para saludar a los chinos. Muy emotivo. Luego arribamos a la base Artigas y nos despedimos de Oscar y del doctor (Víctor Tanco). Palabras lindas p/VHF al zarpe. Día de sol radiante y mar calmo. Avistamos ballenas en la bahía.

Gran Muralla tiene un pequeño muelle de hormigón, con fondo de piedra. El «Callas» fue remolcado abarloado a uno de los botes de goma de los chinos y amarrado con gran prolijidad: spring, largo y travesín a proa y popa. En la bajamar quedó en seco y pudimos sacar la hélice y el eje para su reparación. Teníamos un traje especial Musto absolutamente impermeable, como el que se utiliza en las regatas oceánicas que sirvió perfectamente a nuestros fines.

La maniobra de varadura coincidió con la marea de sicigia y, por lo tanto, al pasar los días, la amplitud se fue reduciendo inexorablemente al extremo que la plea no era ya suficiente para hacer flotar el casco. Esto nos causó algunas dificultades para sacarlo de la varadura. Según la Tabla de Mareas, debíamos esperar hasta después del día 20 de febrero conforme a los «valores tabulados». Solo un fuerte viento del SE podría hacer que las aguas superaran las cotas establecidas. Y así sucedió.

Hicimos firme el extremo de la driza del spinnaker a un lancha de desembarco que estaba varada en la playa y con el spring de proa y el largo de popa, utilizando en forma coordinada el guinche del ancla y el molinete, pudimos ciar a medida que las pequeñas olas levantaban el casco. El primer intento se hizo a las 21:30 del 6 de febrero, pero el «Callas» seguía como soldado al fondo. Dos horas después, en el momento de la estoa logramos con mucho esfuerzo que fuera zafando pausadamente. «Jorge nos dijo que debíamos apurarnos antes que la marea empezara a bajar –escribí en mi cuaderno de viaje–, si no terminábamos con la maniobra, el Callas quedaría mal presentado al muelle con los riesgos que eso significaba si se llegaba a levantar viento fuerte, lo que con seguridad se produciría en 24 horas. Pero el Callas retrocedió, uno, dos metros y se volvió a clavar. Un nuevo esfuerzo y salió navegando hacia atrás. Gritos de algarabia».
La avería del eje propulsor del Callas nos causó un severo atraso en el programa de singladuras que habría de impedirnos llegar a latitudes más extremas pero, en compensación, nos permitió conocer mejor a las personas que trabajan en la Antártida.

La Isla 25 de Mayo (King George) se caracteriza por la gran concentración de bases de diferentes países: Argentina, Corea del Sur, Rusia, China, Uruguay, Polonia, Brasil, Perú y Chile, algunas separadas por muy cortas distancias que pueden superarse caminando, como las de China, Chile, Rusia y Uruguay. La rusa y la chilena están separadas apenas por un chorrillo de deshielo que ha erosionado el suelo y que, con humor, le dicen «Little Volga».
Nuestra obligada permanencia en Gran Muralla fue una de las experiencias humanas más fuertes que vivimos en la Antártida. Aunque solo tres científicos chinos hablaban el ingles -idioma con el que obligatoriamente nos podíamos comunicar-, llegamos a establecer vínculos muy afectuosos.

También nos permitió comprender la solidaridad y los gestos cotidianos hacia nosotros de personas de muy diferentes culturas y tradiciones. Los chinos, todas las veces que lo necesitamos, nos pusieron a disposición su jeep Cherokee (fabricado en Beijing). Podíamos bañarnos casi todos los días y participar junto a ellos en la sala de recreación (fuimos siempre derrotados al ping-pong) o quedarnos bebiendo cerveza y conversando después de la cena. Las instrucciones del lavarropas, como no podía ser de otra forma, estaban escritas en «mandarín» y por eso, hasta lavar la ropa, era toda una aventura.

En la pala mecánica de un gran tractor, nos llevaban los bidones para hacer agua en un estanque artificial; otras veces, utilizábamos una carretilla con ruedas de bicicleta. Lo cierto es que la base fue puesta a nuestra disposición, sin limitaciones. Fue también en Gran Muralla donde pudimos bañarnos cada dos días, el promedio más alto de nuestra travesía.

Cuando finalizaba la jornada de trabajo, a las cinco de la tarde y antes de ir a cenar, algunos venían a visitarnos al «Callas». No había forma de entablar ningún diálogo, pero las expresiones del rostro y los gestos con las manos eran ya un lenguaje con el que pudimos entendernos.
® B e C

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