Relatos de navegantes

Ushuaia – Cabo de Hornos Diario de viaje y navegación

Por Magicus Max – “la gallega» – velero Unicornio

Que los largos días de navegación pueden traer discordias o fuertes lazos de amistad no es ningún hallazgo…………esto último es lo que sucedió en aquellos días que transcurrieron en las frías aguas del archipiélago de las Wollaston para virar el cabo de Hornos.

La tripulación estaba formada por Mariano, Arturo, Michel, Luis, Osvaldo Mauro, Asociado , la «gashega” Magicus Max, responsable de este muy buen relato y su mejores imágenes  y el capitán del barco, Luis Brunet del Unicornio, nuestro Delegado en Ushuaia.

Por Magicus Max “la gallega”

Cabo de Hornos – Diario de viaje y navegación

El barco: Unicornio
Modelo: Endurance
Año: 1977
Eslora: 11 mts
Manga: 3,40 mts
Calado: 1,60 mts
Desplazamiento: 10 T
Lastre: 3,5 T
Aparejo: Cutter. Doble stay para foque y trinquetilla. Mayor con sables forzados y tres rizos preparados.
Gasoil: 400
Agua: 600
Calefacción a gasoil. Agua caliente.

Aun siendo de una eslora relativamente ajustada para estas latitudes y magnitudes de mar, las sensaciones que siempre transmitió fueron las de un barco de mayor eslora: El botalón de 1 mt de donde partía el estay de foque, y la plataforma de popa contribuyen a dar al Unicornio una apariencia de barco mayor.
Desplazamiento alto para la eslora, construcción en fibra ultra-gruesa.
En cualquier caso, el comportamiento y robustez mostrados por el barco en todo momento aportaron siempre tranquilidad y por tanto, ayudaron a disfrutar de las duras condiciones sin temores.

Ahí van algunas fotos de nuestro amigo Unicornio:

Bañera, profunda y bien protegida

Exterior y cúpula de mal tiempo

Zona de Literas

Cocina

Mesa de cartas:

Mesa comedor

Comedor y cucheta del capi

El capi:
Julio Brunet. Argentino. 53 años. Veinte años navegando, siempre por aguas de la zona. También instructor de buceo y alpinista.
Carácter modesto, didáctico, afable. Seguro y perfeccionista. Siempre aportó las dosis justas y equilibradas de tranquilidad y mando. Viendo el perfil de tripulantes, siempre que fue posible –en muchas ocasiones-, dejó el barco en manos de la tripulación, manteniendo siempre, eso sí, un ojo vigilante a las condiciones y a la derrota.
Sus conocimientos de todo tipo sobre náutica parecen no agotarse nunca, así como sus ganas y capacidad de transmitirlos.
Ah, además, cocina de maravilla.

El segundo:
Mariano Apostólico. Argentino. Joven y fuerte. Buena gente, con carácter. Alpinista. Solía realizar la parte más física de todos los trabajos. También se encargaba de mantener el orden, tanto arriba como bajo cubierta.
Siempre estuvo allí cuando las condiciones rápidamente cambiantes complicaron las maniobras y, sobre todo en los primeros dias, nos pillaron desprevenidos.

La tripu:
Luis: Abogado argentino, de Buenos Aires. Alto. Buen navegante. Por medir 1,94, se le asignó la mejor litera (cucheta), a cambio, eso sí, de hacerle soportar algunos chistes de abogados…. Siempre de buen humor y disfrutando como el que más de las condiciones y la bañera

Arturo: Industrial también de Buenos Aires. También piloto de yate (nuestro capitán de yate). El frío y las condiciones le bajaron de la bañera antes que a sus compañeros… excepto para fumar sus rituales habanos.

Osvaldo: Informático de Buenos aires. El tercer “piloto de yate” del barco. Otro de los que más disfrutó del viaje y las condiciones duras pero “posibles” de nuestra travesía. Con Luís demostró sus habilidades gastronómicas en algunas ocasiones.

Michel: Un francés trotamundos, naturalizado argentino por su estancia de varios años en Tucumán y Jujuy. Aun no siendo navegante habitual, se adaptó asombrosamente rápido a las condiciones y modo de vida del Unicornio. Con sus historias y vivencias por todo el mundo, fue también el animador de muchas de nuestras largas sobremesas al calor de la bodega…. Chapeau!

Yo mismo: el eterno novato de ojos brillantes….

La singladura:
Partiremos de Ushuaia por el Canal Beagle en dirección a Cabo de Hornos.
Pasaremos por el paso Picton entre la islas Navarino y Picton.
Cruzaremos la Bahía Nassau hacia el archipiélago de las Wollaston, que contiene la isla de Hornos, con su cabo. Según nos comentan, Bahía Nassau va a constituir la principal dificultad, tanto a la ida como a la vuelta, por estar expuesta a todos los vientos. El recorrido, una vez en las Wollaston va a depender de las condiciones y vientos dominantes. Distintas calas pueden escondernos (y lo harán) durante días: Caleta Maxwell, Caleta Martial, ..etc.

Detalle de las Wollaston:

El recorrido que hicimos

11-01-05 Ushuaia – Port Williams

Nos presentamos entre nosotros.
Como solo conocían mi nombre y se trata de un nombre catalán poco corriente, esperaban una mujer!!! Leo decepción en sus caras cuando nos presentamos. Luego todo es motivo de risas: “Gallega, vas a tener que ponerte peluca”!!!

Conocemos y revisamos el barco. Desde el primer momento, Julio hace que nos sintamos en el barco como en nuestra casa. “Todo lo que hay es para usarlo, acomódense tranquilamente y salimos cuando quieran”. Fácil y simple. Como siempre.
Realmente en los primeros momentos resulta algo engorroso intentar movernos y distribuir el equipaje en la zona reservada a los 5 tripulantes “turistas”, en la proa. Topamos unos con otros interponiendo educados “perdón”.

Pronto aprendemos a turnarnos de manera natural en las distintas zonas del barco (proa, retrete, mesa de cartas…). Tenemos todo el tiempo del mundo por delante, ninguna sensación de prisa, y por tanto, nos adaptamos con tranquilidad. Julio insiste en que “aquí no hay más ritmos y horarios que el que nos marcamos nosotros y las condiciones…. Comeremos cuando haya hambre y saldremos cuando queramos y las condiciones lo permitan”. Toda una declaración de principios.

Recibimos la visita de la “Prefectura”: el control de inmigración Argentino, que nos expide permisos de salida hacia Chile. Nos desean suerte educadamente y sellan nuestros pasaportes. Viene también a despedirnos también Juana, la mujer de Julio, con unos pasteles salados hechos por ella misma que servirán de almuerzo. Deliciosos. Nos desea suerte y simplemente partimos.

La bahía de Ushuaia es una zona de aguas tranquilas, con un puerto para los grandes cruceros que pasean grandes grupos de turistas por el canal Beagle.

El Unicornio se mueve con tranquilidad por esas aguas.
La vista, con el mar y el pequeño puerto en primer término, las casitas coloreadas, y finalmente, las cumbres nevadas al fondo resulta impactante y sorprendente.

Algunas fotos de la bahía de Ushuaia

Club Náutico Afasyn, desde Ushuai

Excelentes veleros en el único muelle disponible

Bahía Ushuaiaa

Julio ayudado por Osvaldo en el papeleo de inmigración de prefectura

Ya hemos salido. Ushuaia por la popa

Panorámica de Ushuaia: Mar y montaña. Me gusta!

Justo antes de salir, Julio y Mariano se han equipado y puesto su traje de aguas al completo, aunque el día no parece especialmente malo… solo algo nublado. Esa será la primera y más importante lección del día: las condiciones, en estas latitudes cambian a una velocidad de auténtico vértigo. Ahora tienes un día fresco, hasta soleado y mar plana, y en cinco minutos (literalmente) te encuentras en medio de un viento de 35 nudos con granizo y mar de 2 mts (de eso, claro, no hay afotus). Los cambios de este tipo se sucederán, a lo largo del día en distintas ocasiones. Entre los tripulantes –la mayoría navegamos habitualmente- hablamos con asombro de la velocidad y violencia de estos cambios. Con los días, aprenderemos a “leer” en el cielo algunos de esos cambios, Nos será muy útil para evitarnos

Entre tanto, Julio nos instruye a realizar las maniobras del barco con idéntica velocidad. Todo está preparado y pensado al más mínimo detalle para evitar cualquier pérdida de tiempo: cargadera en la mayor, sendos enrolladores para foque y para trinquetilla, que siempre tendrán el cabo en el winche cuando la vela está fuera.. etc, etc. Toda una lección de adaptación de un barco al medio al que se enfrenta diariamente.En el trayecto por el canal Beagle vemos algunos de los ejemplos de la fauna de la zona: lobos marinos, cormoranes, algún petrel, gaviotas, scuas (creo)… Más adelante, en distintos momentos veremos también pingüinos, delfines, albatros (que bello es verlos volar) y cómo no, los inevitables y juguetones delfines.

Primeros Lobos marinos compartiendo la islita con cormoranes reales. La meteo se anima:

Primeros lobos marinos

Lobos marinos

Cormoranes reales

Un scua en otra de las islas. Ojo a las algas “cachiyuyos” del fondo

Detalle del cachiyuyo, inofensivo para nuestra hélice, según el “capi”

Faro “Les Eclaireurs”:

Esta vez son leones marinos los que tenemos a tiro de piedra del Unicornio. Me impresiona como Julio maniobra el barco en estas aguas

Visitamos también alguno de los muchos restos de barcos hundidos o semihundidos que hay en la zona. Según nos comentan, el canal contiene una cantidad “interesante” de piedras y bajos no siempre bien señalizados. Eso, unido a fuertes mareas y condiciones frecuentemente duras hace de este canal una zona recomendable solo navegantes habituales del lugar. Aun así, nuestro capitán dice conocer cada una de las rocas sumergidas porque “he dado con casi todas ellas en alguna ocasión” (¡!!! ) “tranquilos, -añade- este barco lo resiste todo” (más ¡!!!!).

De hecho, existen hasta pecios hundidos que son usados como protección y fondeadero en días de mal tiempo. Aquí, un ejemplo, con la Estancia Remolinos al fondo

En el canal, nos cruzamos con dos veleros que navegan en conserva. Nos saludamos. Según Julio, vienen de la Antártida. Todo normal… excepto que uno de ellos tiene la botavara partida en dos. Nadie hace comentarios…

Por la tarde, acompañados esta vez por un sol poniente que da unos colores especialmente bonitos a la zona, llegamos a Puerto Williams, el pueblo-base militar chileno donde residen los oficiales encargados de controlar la zona y garantizar la soberanía sobre el lugar.
Amarramos abarloados a tres barcos (práctica muy frecuente aquí, por los pocos muelles existentes). Se nos abarloa, a su vez, un velero a nosotros con una simpática pareja de franceses. El último de los barcos, de hecho, está varado y constituye el “club náutico”: se trata del Micalvi, un antiguo buque militar destinado a la zona y ahora varado y habilitado con una pequeña cantina y unas duchas y baños.

Veleros abarloados en Port Williams:

Nuestro Unicornio “emparedado” entre dos excelentes veleros:

La tripu, comentando el primer día de singladura y haciendo los honores al almuerzo/merienda

Club de Yates “Micalvi”

Acuden al barco un tropel (creo contar hasta cinco!!!!) militares chilenos, equipados con todo tipo de impresos, timbres y carpetas para realizar los trámites de inmigración. El trato es realmente amable. Durante el resto de la travesía la presencia –real o en la radio- de los militares chilenos va a ser una constante. Las razones de tanto control contienen dos vertientes de distinto signo: seguridad y seguimiento de todo el tráfico marítimo en una zona muy complicada, y reafirmación de la soberanía chilena en una zona históricamente conflictiva. En cualquier caso, al precio de recibir llamadas por radio cada pocas horas, remarcar que el trato fue siempre amabilísimo, y que además, nos repitieron cuantas veces lo pedimos el parte meteorológico y condiciones locales de cada una de las estaciones de la zo
Hechos los trámites, bajamos a tierra a disfrutar del el sol que parece querer despedir el día. Son las ocho de la tarde, nos quedan unas dos horas y media de sol y aunque el tiempo es frío y el viento debe tener 25 nudos, pasemos por el pueblo. Todo parece casi deshabitado. Alguien sugiere que este bien podría ser un pueblo de “atrezzo”, en el que solo viven un puñado de oficiales y no las 2260 personas que anuncia el cartel… quien sabe

Vista del muelle comercial de P. Williams, con embarcaciones militares. Mucho viento, se puede apreciar en el fondo, en el canal Beagle

Vista del interior pueblo

En cualquier caso, después de vagabundear damos con él: un cartel anuncia “Jamaica Austral”, bar-restaurant…. ¡!!! El nombre, con este frío y en este lugar, no deja de ser algo hilarante. Como es de esperar, el sitio parece desierto: no hay luz, no se ve nadie dentro. Preguntamos a un joven que corta leña cerca de la puerta: “está abierto”… encoge los hombros como toda respuesta.
Llamamos. Sin respuesta. Giramos el pomo de la puerta y entramos. Un barracón con una pequeña barra con botellas de más de 30 grados al fondo.
Al cabo de –sin exagerar- 10 minutos, aparece una amable señora proveniente, con seguridad, de su propia vivienda. Cara entre sorprendida y hastiada por la “avalancha” de clientes (cinco) inesperados. Para ambientarnos, inunda el local con música caribeña y sirve raciones “patagónicas” de bebidas anticongelantes para todos. Es nuestro primer día y estamos animados. Brindamos: “Por la buena vida… y que dure”,.. Así expresamos cómo nos sentimos de afortunados de estar allí, a las puertas de una experiencia que esperamos única…

Un oasis en Port Williams, el “Jamaica Austral”

De vuelta al barco, Julio nos regala con otra de sus habilidades: ha preparado una cena excelente: milanesas de carne (como no!) y ensaladas. La larga sobremesa, regada con vino de la inacabable bodega del Unicornio, nos llevan a las literas pasada la medianoche. Hoy la charla será sobre políticas de inmigración en España y tolerancia en general. A lo largo de todo el viaje, disfrutaré como un enano de estat sobremesas.
“El que mañana despierte primero, que no joda”: suena una amenaza, con las buenas noches…. Así será, durante toda la semana el ritmo de vida.

12/01/05 – Puerto Williams – Puerto Toro

La tripulación del Unicornio se pone en pie alrededor de las 9:30. Desayuno, parte meteorológico, y planes para el día. El parte parece bueno así que intentaremos navegar hasta Puerto Toro, un pequeño enclave también estratégico-militar situado al sur, ya en el paso Picton, entre las islas Picton y Navarino. Antes de salir, casi todos nos despediremos –creo que no sin cierta preocupación- del último servicio con retrete sin bomba –el del Micalvi- que usaremos en los próximos días. Una oportuna conversación –supongo que iniciada por Julio- en el Unicornio ayuda a dar las explicaciones oportunas de buenos usos y prácticas para estos casos. Nos reímos todos, y tomamos nota.

Hacia las 11h de la mañana partimos por el Beagle. El día es frío, oscuro, pero el viento está establecido entorno a los 25 nudos, del NO, que nos parecen suaves. Esto nos permite avanzar, durante buena parte del día con solo con una de las dos velas de proa, que, sin restar velocidad al barco (siempre alrededor de los 6 nudos), nos permiten reducirlas en un tiempo muy corto cuando las condiciones cambian abruptamente. El barco y el timón, aunque tiene “carácter” responden perfectamente. El hecho de tener un desplazamiento tan alto para su eslora, hace que sus reacciones al timón nos sorprendan en los primeros días, en que, además, tuvimos siempre el mar por la popa o aleta.

Dejamos la isla Gable por babor, donde permanece otro mercante encallado. La cantidad de pecios que existen en la zona es alucinante. Tanto es así, que hasta existe una carta, disponible en el museo de Ushuaia de la zona del Beagle-Hornos con los pecios señalados en ella: aparecen unos 160.

Por el camino nos acertamos a Isla Martillo e Isla Yunque (claro), y visitamos, acercándonos con el barco unas pingüineras y unas zonas de nidificación de cormoranes.

Pasamos también por la Estancia y Puerto Harberton. Allí nos cruzamos con uno de los habituales catamaranes que realizan las visitas guiadas por el canal Beagle. Por lo visto, los turistas se niegan a realizar el recorrido de vuelta a Ushuaia por mar, debido a las condiciones reinantes, que ellos valoran durísimas (y aunque no lo saben, en contra). Nos miramos con cara de complicidad, y pensamos en la suerte que tenemos de ir a favor de las condiciones, con el mar y el viento en nuestra aleta.… Ese será el último barco de turistas que veremos hasta nuestro regreso.
En unas horas nos introducimos en el Paso Picton, de unas pocas millas de amplitud, entre las islas Picton y Navarino. Cada vez más, las aguas parecen ser más oscuras, el paisaje más salvaje, y hasta las aves parecen escasear a medida que avanzamos.

Por la tarde, en pleno Paso Picton, tenemos ocasión de experimentar el fenómeno local ya documentado por los navegantes del Beagle en su singladura: los Williwaws. Se trata de rachas súbitas y brutales de vientos canalizados por las montañas colindantes que rompen sin avisar contra la zona de agua próxima a la costa. En primer momento, con toda la tripulación atenta, nos divertimos con ellos: cuando cargaba la racha, simplemente largábamos escotas –que llevábamos en la mano, controlábamos el timón y el barco se recuperaba de la brutal escora en unos segundos… Todo bien, hasta emocionante…
En un momento dado, sin embargo, apareció a pocos metros de la proa una forma de agua arremolinada, que el propio viento se encargaba de levantar unos metros por encima de la superficie del agua en forma de vapor-remolino… Miro a Julio y le pregunto:
– “Qué hacemos?”…
– “No hay tiempo”, responde.,…
Efectivamente, en unos momentos estábamos con la botavara en el agua, una escora como nunca antes, y agua hasta las rodillas en la bañera!!!!! Esta vez, la recuperación tardó algo más en llegar….
– “Ya no jugamos más”, exclamó Julio.
Bajamos la mayor y navegamos el resto de la tarde con la trinquete a la misma velocidad pero sin sorpresas… Los de sotavento, aprovecharon la “calma” para cambiarse y secarse. “Así son las cosas aquí”, comentaba Julio.

Llegada a Puerto Toro por la tarde. Está el velero Yosi, que tripulan tres personas, de nacionalidad alemana. Como el muelle es muy rústico, alto y agresivo, intentamos abarloarnos al velero. Su capitán no nos lo permite, aduciendo algo sobre que tuvo un golpe en el costado donde queremos abarloarnos y “resulta peligroso”.
En ningún otro momento de la semana he visto a la tripulación del Unicornio con un nivel de enfado e indignación similares. Simplemente no cabe en su cabeza que alguien pueda realizar tal muestra de insolidaridad en lugares y latitudes como las que estamos, donde la cooperación y ayuda entre barcos es una práctica no solo habitual sino necesaria.
Finalmente atracamos con el vetusto muelle de maderas a babor. Hoy la lección será: “Como atracar en un muelle incómodo para el barco, tirando cabos a tierra por la banda contraria”. Otra clase magistral de material (llevamos varios cabos de más de 100 mts), y de utilización de nudos de forma inteligente. Con un solo cabo largo a tierra atado por popa, y otro más corto en proa abozado (con un nudo que me recuerda al prusik, usado en escalada) en el mismo cabo de tierra, conseguimos separar, al mismo tiempo, la proa y la popa del dichoso muelle. Chapó.

Detalle del invento desde popa: Cabo a tierra por popa, y nudo desde proa. Simple y útil

De este duro muelle. Lo difícil, saltar a tierra luego. (No os perdáis la parabólica “plana”)

Puerto Toro: muy, muy al sur:

Una vez amarrados, el día y la meteo, cambiantes como siempre, deciden regalarnos un pequeño arco iris a la popa del Unicornio. Merecida imagen para un día largo de navegación

Vista del puerto

Visita a tierra. Esta vez nos recibe el único militar chileno del Puerto Toro, y nos invita a visitarle en su casa. Como me acompañan tres argentinos, la charla deriva rápidamente a “política comparativa” entre los dos países. Una vez más, la conversación será interesante y culta, y el trato, más que cordial. Ya lo observamos en Puerto Williams, y aquí en P. Toro (aparece en una de las afotus) hay otra buena muestra: las antenas parabólicas, en estas latitudes, han de orientarse prácticamente horizontales!!!! Los satélites geoestacionarios que quieren captar les pillan muy lejos, en el ecuador!!!!

De vuelta, otra receta del capitán-cocinero hace las delicias de la tripulación: Carne al horno con cebolla. Aunque ya llevo más de dos semanas en Argentina, no dejo de disfrutar y sorprenderme de la calidad de la carne aquí. Deliciosa. Esta noche, la conversación de la sobremesa se centrará en gastronomía. Hablamos de algunos de los cocineros “mediáticos” que han aparecido últimamente en España, y aprovecho la ocasión para anotar una recomendación gastronómica para mi vuelta por Buenos Aires. Recibo no sólo la recomendación del restaurante a visitar, sino el menú que debo pedir en mi último día de vacaciones. “Tremendo homenaje” me espera, con vino de Mendoza incluido:
– Chinchulines asados de cordero de primero
– Ojo de Bife con ensalada de segundo,
– Budin de pan con dulce de leche de postre.
– Bebercio: 50 cl de Trapiche Syrah.
Tomo nota de todo con interés. En menos de una semana descubriré lo acertado de las recomendaciones de mis compañeros. La tripu del Unicornio se retira hoy a la una de la noche. Tremenda sobremesa, como siempre. Con suerte, mañana, nos las veremos con Bahía Nassau.

13/01/05 Puerto Toro – Bahía Nassau – Caleta Maxwell.

Como ya es costumbre en el Unicornio, nos levantamos tarde. Como también es habitual, nuestros vecinos ya no están. Buena señal. Si ellos han salido, será que el parte que ellos habrán pedido antes de partir, es bueno.
Efectivamente, el día aparece relativamente soleado. El parte anuncia nortes y noroestes suaves para casi todo el día, arreciando y rolando a SO a final de día. De hecho, ése es el desarrollo típico del paso de una borrasca por esta zona. A saber: las borrascas, aquí, giran en sentido horario y suelen pasar al sur del cabo, rozándolo. Los vientos, por tanto, suelen ser del norte al principio, para ir rolando al oeste y suroeste rápidamente, donde pueden permanecer por horas o días, en función de la dureza de la depresión. De cumplirse el guión, tendríamos el tiempo justo para cruzar Bahía Nassau y llegar al resguardo de las Wollaston a tiempo para recibir lo peor de la siguiente depresión. Todo parece encajar.
Un hecho destacable inherente a estas latitudes es la lectura del barómetro: una lectura de 984 mb, que en latitudes “normales” sería más que preocupante, aquí puede ser simplemente “mal tiempo moderado”, o sea, tiempo normal. Impresionante, también, seguir la velocidad con que se producen los cambios en el barómetro, otro hecho distintivo de esta zona.

Nos preparamos para partir hacia las 10:30. Cuando vamos a arrancar el motor, sin embargo, éste parece negarse a rodar. Julio y Mariano lo inspeccionan. Parece un pequeño problema con el arranque, que simplemente desaparece revisando los contactos. La lección, hoy, es ver cómo es posible levantar la tapa y la mesa –del comedor- que están ubicadas encima del motor mediante un ingenioso sistema de poleas preparado al efecto. Todo calculado al detalle, como siempre en este barco.
Finalmente salimos a las 11 de la mañana, hacia la pequeña bahía Oglander, y a través del paso Goree, entre las islas Lennox y Navarino.
Hoy también visitaremos algunas loberas y zonas de cormoranes,… pero todos estamos pensando en cruzar Bahía Nassau lo más pronto –y rapido- posible. Ese cruce nos abrirá prácticamente las puertas al ansiado Cabo.

Lobos Marinos y Cormoranes

Cormoranes en vuelo

Ultimas vistas del Canal, con alguna racha al fondo

Finalmente, nos adentramos en la Bahía Nassau. El tiempo está casi milagrosamente tranquilo. Existe el viento del NO que nos había previsto la meteo de la zona, pero el mar está calmado como en pocas ocasiones hemos visto durante el resto del viaje. Avanzamos a vela, con tranquilidad y calma. No dejamos de comentar, entre nosotros, lo afortunados que nos sentimos, no solo por las condiciones extrañamente tranquilas, sino por el mero privilegio de estar en un paraje como este. Todos compartimos también la sensación de que, en espacios como el que estamos, somos simplemente insignificantes, y que hoy, el viento, el mar, nos estan permitiendo pasar amablemente.
Durante las primeras horas de paz, navegamos cada uno inmerso en sus pensamientos, hablando más bien poco, quizás esperando acontecimientos. Qué hay en mi mente?

Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

(de los maestros Serrat y Machado, claro)

“Tranquilos” – comenta Mariano, una de las veces en que aparece por la bañera, “aquí todos pagan, nadie se va del cabo sin recibir su parte”… Julio le escucha y asiente con la cabeza…
Para el día de navegación establecemos turnos de guardia de una hora al timón. En primer momento, a priori, parecen cortos. Más adelante nos daremos cuenta de que una hora es tiempo más que suficiente para agotarse si las condiciones son desfavorables.
Ya al final de mi turno, de 15h a 16h el viento arrecia y se mueve hacia nuestra proa, al SO. El mar, poco a poco, va tomando forma, Al final de la tarde, nos vemos obligados a bajar las velas y arrancar el motor para finalizar el último tramo de Bahía Nassau. Aún sin grandes pantocazos gracias al desplazamiento del barco, los rociones son ya importantes. Lo suficiente para no permitirme fotografiar un grupo de delfines que juega a realizar “piruetas de tirabuzón” justo en nuestra proa por media hora…

Estado de la mar, ya al final de la travesía a B. Nassau

El viento ya es de unos 25 nudos y el mar ha crecido hasta los 2 mts cuando llegamos a resguardo de la isla Grevy. Con el cambio de rumbo hacia el oeste, volvemos a subir las velas para realizar el tramo de aproximación a la Caleta Maxwell.

Finalmente, avistamos la roca en forma de pirámide que esconde la caleta Maxwell. Al fondo, la depresión que nos tendría un día detenidos:

Pasamos por el canal Washington, entre las islas de Hayly y Wollaston (la principal), para llegar al resguardo de la cala. El viento, finalmente, se ha establecido del SO. En la caleta se encuentra ya nuestro vecino de la noche anterior, el Yosi, al que simplemente saludamos tímidamente. La tripu no ha olvidado el episodio de ayer. Esta vez ocupa todo el fondo de la cala, con cabos a un lado y a otro de ésta, en la parte más resguardada.

Para fondear, además de la CQR de 25 Kg, pasaremos dos cabos a tierra. Para hacerlo, bajamos la auxiliar (que aquí llaman gomona) para estudiar el fondeo y los cabos a dar. Me doy cuenta de lo esencial de tirar bien los cabos a tierra cuando Mariano comenta que, en caso de vientos duros, nuestro vecino va a sufrir, aun fondeado, incómodas escoras, por estar de hecho atravesado a los vientos dominantes, con dos cabos formando 180 grados.
En nuestro caso, además del ancla, tiramos cabos a tierra en un ángulo de unos 60 grados, y en la dirección en que preveemos la llegada del viento.
A final del día, y en especial, durante los duros vientos de mañana confirmaremos la bondad de nuestro fondeo: simplemente moviendo los dos cabos a proa, el barco resiste las rachas sin mayor esfuerzo, mientras nuestro vecino sufre escoradas de hasta 30 grados… Mañana, con buena luz, haré fotografías de todo

Cuando finalizamos las maniobras y quedamos fondeados son ya las diez de la noche. Nuestro capitán, previsor, ya tiene la comida casi preparada: Carne a la criolla. Una vez más, vaciamos la olla (y hasta reogamos pan!!!!)

Hoy estamos todos cansados. Hemos navegado muchas horas, y la mayor parte de ellas, las hemos pasado en la bañera. La sobremesa, esta vez sobre las relaciones entre Argentina e Inglaterra (con opiniones sobre Malvinas incluidas) será más corta de lo habitual. El viento fuera y el parte para mañana (SO, 35 nudos, con rachas de 64 ¡!!!, olas de 4 a 6 mts) confirman que, con mucha probabilidad, mañana tocará “descanso” y, como mucho, visita a la isla Hermite.
“O sea que el que despierte que no boludee ni haga ruido”, suena otra amenaza… Oido cocina!!!! –pienso-.

14/01/05 – Caleta Maxwell

Cumplimos con creces en encargo del día anterior, y la actividad empieza en el Unicornio alrededor de les 11:30 de la mañana. El parte de la mañana ha confirmado las pésimas condiciones de hoy. Anuncia SO duros para todo el día, con olas de 6 metros en el Cabo. “Hoy, ni modo”, resume alguien. El capitán anuncia oficialmente que vamos a pasar el día al resguardo de cala. Aunque estamos ansiosos, no nos viene mal un poco de descanso. Aprovecharemos el día para caminar por la isla Hermite, a resguardo de la cual estamos fondeados. Supuestamente, pisaremos “tierra firme”.

La auxiliar nos acerca hasta la orilla. Los primeros metros de “ascensión” los realizamos entre pequeños bosques del único árbol/arbusto local capaz de resistir las duras condiciones de viento existentes en la zona, la lenga. Su tronco ancho y duro, hoja pequeña, y su versatilidad (puede medir entre 50 cms –como aquí- y 20 mts) le permiten adaptarse a este terreno. El suelo, en el primer tramo, es fangoso y agradecemos vestir botas y traje de aguas. A partir de un cierto punto, la vegetación alta desaparece por completo. Caminamos sobre hierba débil, tundra en que se hunden nuestros pies a cada paso: es como “caminar sobre teta de nodriza”.

A medida que ascendemos el punto de vista nos ofrece mejores y mejores vistas de nuestro entorno. Es un enclave de belleza extraordinaria, salvaje como pocos, arrasado casi a diario por duros vientos por encima de 40 nudos y secuencias ininterrumpidas de borrascas. Una vez en las primeras “cimas”, resulta sobrecogedor ver la dureza del mar abierto al otro lado de la isla, ya en pleno estrecho de Drake, entre el continente americano y la antártida.
Disfrutamos también viendo literalmente dibujadas en el agua las rachas de viento durísimo (arriba podrían ser de hasta 60 nudos) que pasan lamiendo la isla y caen sobre nuestro fondeo. Veo y comprendo de manera gráfica lo que una vez me comentó un regatero: “el viento cae sobre el agua como una mano que se abre, con distintos ángulos de incidencia según la zona”… Con suerte, podréis apreciarlo en algunas fotografías. La dureza del viento es tal, que en la parte alta de la isla, en las rachas, debemos sentarnos para no ser tumbados.

Detalle del fondeo de ambos veleros. El Unicornio al fondo. Desde el bosque de tengas

Más arriba se aprecian la forma de “mano” de las rachas sobre el agua

Vista NorOeste: Hermite y su tundra

Vista NorEste: Isla Wollaston. Se aprecian las condiciones fuera

Isla de Hall, con la isla de Hornos al fondo (al SurEste):

“La que está cayendo” sobre isla Hornos

Más cerca

Paso entre Wollaston y Hermitte. Hoy imposible

De vuelta al velero, aprovechamos el resto del día para hacer uso por turnos, y por primera y única ocasión en todo el viaje, de la ducha (o goteo) caliente, si podemos llamarlo así. De hecho, las –sabias- restricciones que impone el capi sobre el uso del agua provocan alguna que otra queja de mis compañeros… Yo, por una vez, tengo la suerte de necesitar mucha menos agua para lavarme el pelo que ellos, jeje!!!!!

La sobremesa, en esta ocasión resulta especialmente divertida: Michel nos deleita a todos con su descripción “franco-argentina” de la fiesta de los toros, por la que los tripulantes argentinos me habían preguntado. La capacidad demostrativa, onomatopéyica (con trompetillas incluidas) y cómica de nuestro compañero resultan tan amenas como una tarde en el cine.

15/01/05 Caleta Maxwell – Cabo Hornos – Caleta Martial

Hoy sí nos levantamos todos antes del parte de las 10h. Estamos todos pendientes. Queremos saber si “hoy será el día”. Apenas nos separan 12 millas del cabo (y otras 12 hasta el siguiente resguardo), y si la meteo nos ofrece alguna oportunidad, el plan es salir a por él.

El parte parece anunciar el final del frente que ayer nos tuvo fondeados todo el dia… y el inicio del siguiente, algo más duro que al anterior, para el final del dia. La configuración de vientos, será pues, la “clásica”: NO suave (25 nudos y 2 mts de ola), rolando suroeste duro al final del día. Parecen buenos augurios, por lo menos para llegar hasta el cabo. Desde allí, y en dirección NO, parece posible resguardarse de los duros SO que se anuncian para el final del día. VÁMONOS!!!!.

Nos equipamos todos con nuestras mejores galas para el agua y el frío, aunque el día ha amanecido con una brisa suave de no más de 15 nudos. Salimos por el estrecho Paso Norte con esa brisa de 15 del N-NE de 15.

Paso Norte: Estrecho y difícil con mal tiempo:

El GPS nos va anunciando la distancia al cabo: 12 millas, … 10 millas…. Una vez fuera del canal, topamos con una mar de fondo del SO, de unos 2 a 3 mts ola redonda (casi inapreciable en las fotografías!!!). Vamos con toda la vela arriba. Por ahora, seguimos siendo afortunados. A pesar de los bandazos provocados por el mar de fondo y el poco viento, es un auténtico placer moverse por estas aguas a vela.
Faltan 5 millas.
Avistamos el famoso pedrusco. Árido. Duro. Oscuro. Imponente más por su fama que por su forma. Poco a poco, el viento del NE va subiendo (unos 20n), hasta formar ola corta de sentido contrario al mar de fondo. La superficie se desordena.

Primeras vistas de la Isla de Hornos y su Cabo:

Con mar de fondo, no siempre era visible

A vela con el mar de fondo


Faltan 2 millas. Todos preparamos nuestras cámaras, medio escondidas por temor a los ya frecuentes rociones. Quien más quien menos, todos estamos emocionados. Hablamos poco. Sólo contemplamos. El lugar nos sobrepasa. Solo Julio (es su cruce veintitantos!!!) nos aconseja sobre las mejores formas de tomar fotografías.

Ya estamos!!!! Eso dice el GPS, y nuestra vista. Ahí queda el cabo, entre nuestro través i popa. Nos hacemos todo tipo de fotografías. Sonreímos todos como niños. Contemplamos y sonreímos. Sonreímos y admiramos. Qué pequeños somos, demonios!!!! Solo algunos albatros y petreles gigantes pasan a nuestro lado, planeando, como diciendo: Pero qué hacen estos aquí? Donde van? Se habrán perdido? Bello. Muy bello. Difícil de olvidar.

El cabo, al fin


Pues sí, panda de piratuchos, me acordé de llevarme la gorra!!!!!

Tan pronto nuestra proa asoma al sur del cabo, que nos protegía hasta ahora, el viento del NO de 25 a 30 nudos nos vuelve a todos a la realidad. Por primera vez en la singladura, toca ceñir. Todos nos acordamos de las palabras de Mariano el día anterior: “Aquí todos pagan, tarde o temprano”.

maretón que nos esperaba después del cabo

El mar claramente formado del NE, se cruza con el antiguo mar de fondo del SO. Se forma un auténtico desorden. Ahora sí, los rociones son continuos. El día oscurece. La costa se difumina en una neblina gris. Empieza a llover a raudales. La lluvia, empujada por el viento, cae sobre nuestras caras, golpeando la piel. Debemos usar máscaras de esquí para proteger nuestros ojos.
El unicornio, aunque ciñe muy estable, solo consigue aproximarse a unos 60º del viento, probablemente por su corta quilla corrida. Pasamos prácticamente medio día dando bordos delante del cabo, hacia el NO. Vemos las pequeñas edificaciones donde vive la única familia de militares encargada de controlar el cabo, así como la famosa figura del albatros, tan largamente admirada por mí en la bibliografía.

El faro antiguo:

Ciñendo

Primeras vistas de la figura de Albatros de Hornos


El Cabo, ya por popa

Ciñendo, en pleno “fregao”

Construcciones del Albatros y puestos militares

El cabo nos está cobrando su peaje. Vamos todos empapados, el viento y el mar nos mueven de un lado a otro en nuestra lenta ceñida. Disfruto (como algunos de mis compañeros) de estas condiciones. No me muevo de la bañera. Para esto he venido, pienso… y me brillan los ojos, dentro de la máscara de esquí.

Finalmente, hacia las 6 de la tarde, embocamos el Paso Mar del Sur, entre las islas Herschel y Deceit que nos ha de conducir a Caleta Martial, nuestro próximo fondeo-refugio. El oleaje calma bastante. Enrollamos la trinqueta y arrancamos el motor para realizar las últimas millas hasta la caleta. Estamos empapados pero contentos. Exultantes.
Si bien la cala ofrece un buen refugio, la altura de tierra, en este punto no es especialmente alta, y por tanto, el viento consigue entrar con buena parte de su fuerza en ella. Previsores, Julio y Mariano realizan una maniobra de fondeo de libro: Largan la CQR y los primeros 30 mts de cadena (de 12 mm). Damos atrás con fuerza. Mariano, con la mano sobre la cadena, se asegura de que esta esté fuertemente clavada en el fondo. Finalmente, largamos los metros de cadena restante, hasta los 60 que posee el unicornio.
Muy pronto vamos a poder comprobar cuan bueno ha sido el fondeo. La depresión anunciada para final del día cae finalmente sobre nosotros, con vientos durísimos de 40 nudos, con rachas de hasta 60. A pesar del poco espacio disponible (viene de tierra), el viento consigue levantar un oleaje corto dentro de la cala, algo más de medio metro!!! Pasaremos unas 36 horas aguantando este viento, lluvia y granizo sin movernos.
Hoy la cocina correrá a cargo de Luís y Osvaldo. Se lucen con un risotto del que, media hora después no queda ni rastro!!!! Desde luego, el nivel gastronómico del viaje está resultando muy por encima de mis expectativas –y de mis propias habilidades como cocinero-.

16/01/04 Caleta Martial

Vista de la “playa” de la caleta:

Mar que se formaba dentro de la cala, con nuestro ineludible vecino al fondo

Por popa, hacia fuera:


Pasamos todo el día a resguardo de un viento inhumano en la Cala Martial. El objetivo está cumplido, y estamos relajados, aunque aun nos queda el tramo de 35 millas de Bahía Nassau, expuesto a vientos y sin resguardos.

Despertamos tarde…, aprovechamos para secar nuestros trajes de agua y demás enseres, que ayer quedaron, en muchos casos, completamente inundados. También aprovecho para reordenar fotografías, escribir, leer, charlar…

Luís i Osvaldo nos deleitan con otra de sus recetas, que, una vez más la tripu del Unicornio agradece liquidando hasta la última ración.

Ya por la tarde, nos entretenemos con algunos juegos de cartas y tomaduras de pelo. Reímos.
Arturo y Osvaldo nos enseñan a Michel y a mí a jugar al típico juego local: el “Truco”. Básicamente se trata de –en parejas- engañar, echar faroles, y no dejar de despistar al contrario mediante señales y sobre todo, charla, verborrea graciosa y humor porteño. No se me ocurre otro juego que se adapte mejor a la forma de ser argentina!!!! (dicho con la mayor admiración!!!). Reímos. Nos reímos mucho y la larga partida acaba decidiéndose en la última mano por un estrecho margen de puntos. Algunos ríen. Otros menos.

La surtida bodega del Unicornio ha sufrido hoy un bajón sustancial. Los cascos vacíos ya son mayoría sobre las botellas restantes. Reímos. Reímos mucho.

La cena, esta vez, se resuelve con una breve “picada” de bondiola (embutido local, para mí algo parecido al lomo) y queso. La sobremesa de hoy resulta especialmente locuaz. Por un lado, el nivel de intimidad adquirido, durante todos estos días, y por otro, porqué no decirlo, la colaboración de los caldos argentinos, hacen derivar la conversación al terreno más personal hasta hoy. Se habla de parejas, de no-parejas, se establece una comparación entre las distintas culturas presentes en el barco. Quien más quien menos, contamos nuestra versión personal del tema. Acabamos, al final, hablando de nuestra forma de entender la vida, de caminar por ella, con sus proyectos y miserias. Esta vez, la retirada a “cuchetas” no será hasta bien entrada la madrugada, y con la sensación de tener un puñao más de amigos…

17/01/04 Caleta Martial – Puerto Williams.
El tiempo, esta vez cronológico, se nos echa encima. Y estamos lejos, muy lejos de Ushuaia. Para colmo, el día se levanta con las mismas condiciones de viento que tenemos desde anteayer por la noche. No va a dejar de soplar nunca? Nos preguntamos todos.

Escuchamos el parte de las 10h atentamente. Para nuestra sorpresa, anuncian vientos de 15 nudos con rachas de hasta 25, y olas de 0,5 a 1 mt en la Bahía Nassau, nuestro siguiente –y casi último- reto. Nada grave. Efectivamente, poco después de escuchar el parte, el viento parece amainar algo. Salimos. Vamos a atravesar B. Nassau de vuelta. Volvemos a equiparnos a conciencia, y volvemos a establecer turnos de timón.

A las 10:30 ya estamos en marcha. Durante la primera parte del día, seguimos a resguardo de la isla Wollaston, dirección NO. El viento parece mantenerse en unos 25 nudos, y el mar, claro, no pasa de 1mt. Todo controlado. A partir de un punto determinado, debemos establecer rumbo 350º para, ya definidamente dejar las Wollaston y su protección por nuestra popa. Poco a poco, va empezando el baile.

Aunque en principio, la mayoría nos reímos (después de todo, venimos de C. Hornos, no?), la verdad es que las condiciones distan mucho de las anunciadas por el parte. Ya en la bahía, el viento se establece, en 35 nudos, con rachas de 45-50. Tenemos un contínuo tren de olas rápidas de 2 mts por nuestra aleta, que de vez en cuando de transforma en “tres marías” de hasta 4 mts. Poco a poco, hemos ido reduciendo el trapo. Navegamos ya solamente con una parte de la trinqueta a 7 nudos. Nos balanceamos contínuamente. De vez en cuando, un tren de olas más alta de lo habitual hace tumbarnos hasta meter agua en la bañera. El timón se vuelve durísimo de controlar, y necesita de una concentración y esfuerzos grandes y continuados.
Una vez más, estamos pagando el peaje que todo navegante debe pagar en esta agua, nos decimos.

Como siempre que el mar se encrespa, vuelven a acompañarnos delfines. Solo que esta vez apenas alcanzamos a verlos, concentrados como estamos en el comportamiento del barco. Esta vez, nadie se entretiene en señalarlos. Todo un síntoma. “Esto es muy serio”, dice alguno, cuando al principio de su turno de timón alguien intenta bromearle… En mi opinión, una vez más, tenemos suerte. Si, las condiciones son duras, pero en la medida justa en que pueden navegarse sin sufrirlas. “A esto he venido”, me digo una vez más.

Al final del día, ya habituados al bamboleo, y viendo próxima la entrada al Paso Goree, el humor se dispara. Acabamos coreando las olas más grandes, y las escoras más pronunciadas con un “ieeeesssssooooo!!!!!!” que nos hace sonreír, ya liberados de la tensión y a la vista de la costa.

Poco a poco, el mar se va calmando, a medida que nos adentramos en el canal. Vamos rápidos. También a medida que el mar calma, vamos soltando trapo, hasta quedarnos prácticamente sin viento y tener que usar el motor, ya casi dentro del Beagle.
Por el camino, en la retina, han quedado delfines, pingüinos y lobos marinos, todos ellos saltando entre las olas como nunca antes los había visto. Si bien no pude realizar ni una sola fotografía de nuestro cruce de vuelta de Nassau, hay imágenes de esa travesía que también me acompañaran por mucho tiempo.

Pasamos por delante de Puerto Toro sin detenernos. Llamada de radio. Allí dejamos a nuestro casi eterno compañero de fondeos (el Yosi) y también al amigo militar responsable del puesto, que nos felicita y saluda por radio a nuestro paso.
Ya en el canal Beagle, el sol nos regala con una puesta memorable, sobre aguas calmadas. Empezamos a sentirnos como en casa. Una ballena minky aparece fugazmente para despedirnos. Poco a poco, vamos volviendo a la vida, vamos viendo más y más aves.

Me invade ya una sensación de despedida. Con la excusa de tomas las últimas fotografías, me aíslo un rato en proa.
Qué parajes!
Qué imágenes!
Qué lugar!
Qué sensaciones!
Qué compañeros!
Qué suerte!!!

Despidiendome del Beagle, sus animales, sus nieves, su luna….


http://ar.geocities.com/navemundo/uni.78.jpg


 http://ar.geocities.com/navemundo/uni.79.jpg


 http://ar.geocities.com/navemundo/uni.80.jpg
 http://ar.geocities.com/navemundo/uni.81.jpg
 http://ar.geocities.com/navemundo/uni.82.jpg




Como alguien comentaba en algún foro piratero: Otro sueño quemado…. Y ahora qué?

Una vez más, escribo cuales son las letras que hay ahora en mis pensamientos… bonito tango de Gardel, como no!!! (os prometo, que, por alguna parte… sonaba, o seria solo en mi subconsciente?):

Volver… con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi s ien…
Sentir… que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada, errante en las sombras,
te busca y te nombra.
Vivir… con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez…

Os dejo para el final una de mis fotografías favoritas

18/01/04
Sí. Claro que pasamos por puerto Williams para realizar los últimos trámites con inmigración. Claro que pasamos –Mariano sobre todo- la noche navegando de vuelta a Ushuaia. Yo ya me había despedido.
Llegamos a puerto a primera hora de la mañana. Prefectura, inmigración, equipajes, últimas fotografías. Esta noche cenaremos todos juntos para despedirnos. Algunos partimos ya mañana. La cena, como no, resulta memorable… pero esa es otra historia, verdad?

Comentarios adicionales:
Comentar que, de vuelta a Ushuaia supimos que, el mismo día en que nosotros pasamos el cabo, pasó también el velero de la Vendeé SKANDIA, con Nick Moloney de patrón. Él pasó unas tres horas después que nosotros, a unas 18 millas. No llegó siquiera a ver el cabo, y habló de unas condiciones de mar y viento durísimos.

Para aquellos que ya os habéis interesado en el viaje mandándome algún privado, estoy preparando una pequeña ficha técnica de los contactos que utilicé para la preparación del viaje (muy pocos).

Aunque ya sé que la publicidad no está bien vista en el foro, -y me parece bien-, no me resisto a adjuntaros la web de la empresa de Julio con la que hice el crucero. No me regañéis!!!.
www.unicornioexpeditions.com
La publicidad, cuando es abierta y recomendable como en este caso, debería tener “perdón forero”.

Me consta también que algún que otro compañero de singladura ya anda por este foro, todavía camuflado. Espero pronto reunirles a la mayoría por aquí y que nos aporten su humor y conocimientos como lo hicieron durante el crucero. Bienvenidos seáis, que no se os olviden las rondas!!!!

De truco ()

Magicus, mejor conocido por nosotros como la «gashega», estoy conmovido por tu relato. Lograste transmitir con tal fidelidad la experiencia que tuvimos la suerte de compartir que al leerla pude revivir cada maravilloso momento.
Curiosamente compartimos el mismo sentimiento:
Otro sueño quemado…. Y ahora qué?
Creo que Luis y yo tenemos la respuesta. Ya es un proyecto. Incluye un barco en el que se podrá confiar y un destino al que se podrá amar y temer. Uno de esos lugares donde uno no entra sino que lo dejan entrar, y si tiene suerte, salir…

No se nos ocurre un mejor compañero para esta aventura que Magicus, el corsario manso del fin del mundo. Ni un mejor lugar para cursar esta invitación/desafío que tu querido foro.

Pronto tendremos más detalles, pero mientras tanto me gustaría compartir con los parroquianos de tan magna taberna, algunas botellas de pisco que traje directamente desde el «Jamaica Austral», casi nuestro segundo hogar.

A la salud de Magicus. Por la buena vida.

Luis Campi y Osvaldo Mauro Asociado 52

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