Relatos de navegantes

Por los mares del sur….

Por Federico Guerrero – Asociado 125

El capitán Moreno, del velero Fortuna ya respiraba aliviado, estábamos navegando rumbo al sur en el Fortuna, pero de bandera francesa, como me acostumbré a decir y avanzando a buen ritmo. Al parecer,  el fondeo en Puerto Madryn esperando por mí había sido agotador. Dejada a popa la Península Valdés se nos abría a proa el Golfo San Jorge. Si bien todos los golfos siempre esconden algo éste nos esperaba con viento escaso, mar calma y pocos pesqueros.

Canal de Beagle – Ushuaia

Cruzado San Jorge y aún con poco viento entramos en Puerto Deseado para cargar gasoil, almorzar, estirar las piernas y dar un vistazo a este puerto desde el punto de vista de un velero. La entrada a Deseado es sumamente sencilla gracias a un par de enfilaciones que, teniendo la precaución de seguir, aseguran un pasaje seguro. Siempre que existan enfilaciones hay que utilizarlas. Están fijas a la tierra, y uno tiene la tranquilidad de que mientras se mantenga sobre ellas todo irá bien.

La cartografía digital es sumamente cómoda pero en este caso presentaba una gran diferencia en latitud que nos ubicaba sobre tierra. La estadía fue breve, pero cumplió su propósito. Deseado es un buen puerto para recalar en caso de necesidad o para descansar.

Para embarcaciones menores no requiere marea alta pero debido a la fuerte corriente de marea es aconsejable  entrar con la estoa o con corriente a favor. Una vez dentro y debido a la gran amplitud de marea es imperativo acoderarse a otra embarcación, siendo muy importante contar con buenas y grandes defensas. La Prefectura estaba cerca y amablemente nos sellaron todos los papeles.

El pronóstico daba vientos muy fuertes de NW, y justo empezaron a soplar soltando amarras; pero siendo a favor decidimos zarpar igualmente. La salida fue emocionante; con 45 nudos de viento de tierra formando una ola corta y alta tuve oportunidad de probar por primera vez las virtudes de un barco de orza para navegar con mal tiempo. Este concepto de barco se denomina “derivador integral”.

Consiste en un casco con mucha estabilidad de forma, de fondo plato y mucha manga, y con más del 30% del desplazamiento en lastre interno. Cuando las cosas se ponen feas la defensa consiste en levantar la deriva y dejar que el barco patine sobre las olas tranquilamente.

En  barcos de quilla fija la tumbada en general se da inmediatamente luego de que el barco se atraviesa a la ola y/o al viento ya que el quillote impide al barco desplazarse lateralmente. En estos barcos al no tener ningún plano  anti-deriva que impida dicho desplazamiento, el barco simplemente patinará de costado, adrizado y  sin tumbar. Da igual si lo que empuja es una ola, un spinnaker o mucho viento. Para graficar esto basta con empujar un vaso –el barco– con el dedo –el viento y las olas– sobre una superficie lisa, y se verá como el vaso se desplaza “adrizado”. Repetir  la operación sobre un mantel –el quillote– y observar qué pasa, aconsejo tomarse el líquido antes de repetir la segunda parte.

Canal de Beagle

Así nos entretuvimos “surfeando” olas rumbo al sur. La derrota recomendada en las guias es  navegar cerca de la costa hasta los 50 grados sur. En ese momento y según el pronóstico se optaría por seguir pegados a la costa, o hacer rumbo directo al estrecho de Le Maire  o a la isla de los Estados. Es increíble lo fiables que son los pronósticos y lo que es más increíble aún es que, siendo así, tan pocos navegantes lo consulten verdaderamente para planear sus viajes.

Nosotros bajábamos las cartas de superficie de Chile pero la principal fuente meteorológica que nunca falló fue La Rueda Argentina, con Alejandro y compañía, en 14385 khz, a las 21:00 horas de Argentina. Ellos nos pasaban un pronóstico para los siguientes cinco días a una semana, cumpliéndose siempre.

Así es que en los 50 grados sur, con pronóstico a favor, pusimos rumbo directo a la isla de los Estados. Si bien teníamos un viento que en las ráfagas llegaba a 50 nudos, la navegación era cómoda y apacible, nuevamente gracias a  navegar con la deriva levantada.

Siempre recuerdo la navegación entre Fernando de Noronha y Salvador de Bahía. Saliendo de Noronha el viento aún predomina del SE, pero luego va rotando al NE, poniéndose de aleta, con intensidades del orden de los 30 nudos reales, es decir con ola.
Moreno iba en su Fortuna, y yo en un barco con quilla fija y mucha obra viva. El navegaba adrizado, veloz y disfrutando de la vida. 

Me contaba que a tal punto era la tranquilidad que por momentos desde  la cabina daba la sensación de estar encalmados, teniendo que ver los más de 10 nudos de la corredera para notar que navegaba. Si bien yo navegaba con seguridad, el barco rolaba con la ola de aleta haciendo la navegación no tan cómoda.

Aquella misma sensación de calma se sentía ahora, navegando más allá de los 50 sur y con otros tantos de viento, por supuesto que siempre con piloto automático, ya que al no haber acostadas el piloto gobierna bien.

Isla de los Estados

La idea inicial era hacer ingreso a  Puerto Hoppner, en la costa norte de Isla de los Estados. Pero, dado el fuerte viento de popa, la costa rocosa y acantilada a sotavento y lo angosto de la entrada, optamos por Puerto Parry, apenas unos cables más al este, y con una boca más amplia para embocar.

Si bien los derroteros oficiales detallan muy bien las costas, existe una gran variedad de guías para navegantes en las que se encuentra exactamente el tipo de información que uno precisa. Me acuerdo en Saco do Céu, Ilha Grande,  de arrimarme a un velero que se encontraba amarrado a la boya de una posada y preguntarle por “la boyita con agua”. Los de a bordo me miraron con cara tan rara como mi pregunta. Cuando se acercó el bote del lugar le repetí la pregunta y me indicó lo que buscaba. Era simplemente una boya donde uno se amarra y a la que llega desde tierra una manguera con agua fresca de la montaña.

Isla de los Estados

Esto lo sabía simplemente porque estaba indicado en la guía.  Estas guías son caras, pero bien valen lo que cuestan. No sólo dan una introducción muy completa del país-puerto que uno esté por visitar, sino además costos de marinas, teléfonos y direcciones útiles y todo lo que uno pueda precisar. Incluso antes de salir para el próximo puerto uno puede optar por uno u otro destino basado en  las facilidades que existan, y las necesidades que se tengan.

Para navegar todo el sur argentino y todos los canales chilenos existen varias guías, creo que todas escritas por extranjeros –al menos las que yo vi–. Una de ellas, escrita por una pareja de italianos –Mariolina y Giorgio del Saudade III–, quienes hace ya varios años recorren la zona, es increíblemente detallada.  Esta es la guía que nosotros teníamos a bordo y que nos acompañó todo el viaje.

Puerto Parry

En Puerto Parry se encuentra el apostadero naval Luis Piedrabuena, con las únicas cuatro almas de toda la isla que nos recibieron amablemente y con las que pasamos buenos momentos cenando y saliendo de excursión por la isla. El Fortuna quedó seguro amarrado a un “boyón” utilizado por los barcos de la Armada cuando recalan allí para relevo de personal,  lo que justamente ocurriría —para alivio de Manuel y su tropa— dos días más tarde.

La precaución a tener siempre que se amarre a una boya es que ésta esté a su vez  bien amarrada al fondo. Mucha gente cree que por ser boya es segura, y más de un barco se ha perdido de esta forma. El año pasado observaba  en Mallorca un Bavaria 44 hundido contra las rocas porque sus tripulantes se amarraron a una boya a pasar la noche. Otra gran previsión es pasar doble cabo,  y por diferentes porta espías. Otros barcos se han perdido también por pasar dos cabos a una buena boya pero por el mismo porta espía, cortándose los dos juntitos.

Si se desconoce la condición de la boya, siempre vale más usar el propio fondeo. Al menos uno conoce sus propias limitaciones y sabe hasta qué momento aguantará. En este caso nos aseguraron que el “boyón” era bueno y, como además la profundidad nos impedía fondear, nos amarramos sin hacer más preguntas.

Para alegría del apostadero y como estaba previsto, el aviso Sobral con el comandante Mónaco y su valiente muchachada de la Armada a bordo, hizo entrada en la bahía.  Al que no vi tan contento fue a Moreno ya que obviamente tuvimos que desamarrar para dar paso al Sobral, al que si bien luego nos acoderamos,  demoró lo que demora esta maniobra, sucediendo lo que sucede en estos casos: el apacible clima se tornó en ventisca con no se cuántos nudos de viento. A pesar de ello guardamos lindos recuerdos de buena camaradería pasados junto al Sobral y su gente. Es muy grata la experiencia de encontrarse con otros barcos tan cerca del fin del mundo.

Cuatro días nos quedamos en la isla, disfrutando de ese paisaje sacado de un cuento de hadas, casi mágico, esperando condiciones para la siguiente etapa, al Cabo de Hornos. La isla merece mucho más que cuatro días y, estando tan cerca de Buenos Aires y siendo tan bella, es asombroso que durante todo 2007 menos de cinco barcos hayan recalado en sus costas, y creo recordar que ninguno de ellos era argentino.

Apenas un poco más al este se encuentra también otro sitio digno de visita, San Juan de Salvamento con su faro del fin del mundo, en el que, como en tantos otros fondeaderos, nos quedó pendiente la visita. Pero teníamos un plan ambicioso y siempre que el viento fuera franco teníamos que aprovecharlo.

Así es que con el visto bueno de Alejandro y su pronóstico planificamos la navegación para cruzar el estrecho de Le Maire, entre Tierra del Fuego e Isla de los Estados. Este estrecho puede ser muy complicado si no se tiene la precaución de hacer coincidir la corriente de marea con el viento. Pero si todo corre para el mismo lado no tiene que haber problemas. Nuevamente está todo bien explicado en las guías así que sólo hay que leer lo que otros ya han experimentado y escrito para nosotros.

Unas 150 millas nos separaban del cabo, las que con buen viento y corriente a favor al principio y casi calma total y motor al final, cubrimos en menos de veinte horas. El plan era cruzar la longitud del cabo y luego tratar de desembarcar en la isla. Era complicado y ambicioso ya que hay formalidades que cumplir. Pero muy amablemente nos indicaron que si queríamos desembarcar en la isla, luego tendríamos que parar en Puerto Williams a formalizar la entrada a Chile.

Como queríamos subir por entre las islas no quedaba más opción que parar en Williams; de lo contrario tampoco nos autorizarían a navegar por aguas chilenas. Así que contentos y sacando ventaja de la calma total,  fondeamos y desembarcamos en isla Hornos.

Puerto Williams

El fondeo en Caleta León, isla Hornos, no es seguro.  Se echa el ancla en 25 metros de profundidad, sobre un mal fondo de rocas y si se tiene mala suerte el fondeo se enganchará en los restos de un muerto de una ex boya, como según la guía le sucedió a un barco belga hace poco tiempo. Se recomienda además dejar un tripulante a bordo (yo no y creo que Moreno tampoco quería quedarse). Tiramos  60 m de cadena, otros tantos de cabo, una segunda ancla y luego probamos con marcha atrás. Hasta 1600 rpm aguantaba bien. A grosso modo se calcula que 2000 rpm equivalen a 40 nudos de viento,  así que 1600 daban buen margen, teniendo en cuenta la calma total reinante y el pronóstico estable hasta la  noche.

En la isla hay una capilla, el faro monumental, el  monumento a los “cabohornienses” y el destacamento de la Armada Chilena, donde se pueden comprar gorritos, remeras, postales, y demás souvenirs con las imágenes del Cabo. Además tienen tres sellos (gratis) de diferente diseño para estampar pasaportes, libros de navegación, las postales previamente compradas y todo lo que uno quiera. Obligación moral es firmar el libro de visitas y dar un paseo hasta un monumento distante unos 300 metros, y desde donde se observa el cabo de Hornos un poco más al oeste.  

Federico Guerrero en el Monumento en cabo de Hornos

Nosotros llegamos a Hornos desde isla de los Estados, lo que implica navegar esas 150 millas y durante las cuales a pesar del buen pronóstico, las cosas pueden cambiar. Pero hay una forma mucho más fácil que es llegar desde el norte, navegando entre las islas. Se puede fondear en una caleta muy protegida, 11 millas al norte de isla Hornos y allí esperar las condiciones adecuadas para llegar al cabo.

La precaución es estar atento a un buen pronóstico y navegar de día o de noche con radar. En altas latitudes australes y en navegación costera, la cartografía digital y el GPS son para usar como referencia y con precaución. Las cartas de papel también muchas veces presentan grandes diferencias, no solo al plotear posiciones GPS debidamente corregidas, sino comparadas entre ellas.

Recuerdo una vez por los canales chilenos haber ploteado dos veces la misma posición, al cambiar de una carta a la siguiente, ubicándonos en una carta a una milla de la costa y en la otra a dos. Distancia a la costa y marcaciones difícilmente fallen. A la noche entró el frente que venía anunciado desde que salimos de Parry. Pero ya estábamos navegando entre canales rumbo a Williams, y además era la guardia de Moreno (ahora estoy notando que Moreno sufrió todas las partes complicadas).

El capitán Moreno y Federico Guerrero en Puerto Williams

Puerto Williams es un pueblito muy simpático, donde hay un club náutico cuya sede es un viejo barco de nombre Micalvi. Por estas latitudes todos quieren ser “lo más austral” así es que tenemos a Ushuaia como la ciudad más austral, Puerto Toro en Chile como la villa más austral, y éste, el Club de Yates Micalvi, como el club náutico más austral del mundo. Sea como fuere, es un muy cosmopolita club donde uno se encuentra con barcos de todo el mundo y rodeado de navegantes cuya vuelta al perro es Antártica, Georgias y Malvinas.  Apenas arribamos subió a bordo una comitiva consistente en cuatro representantes de las autoridades chilenas, dejando en pocos minutos formalizada la entrada.

La estadía en Williams fue de un día. Nuestro amplio plan nos llevaba a seguir navegando el canal de Beagle y luego su brazo noroeste hasta el seno Garibaldi, entre otros, donde es posible navegar entre hielos desprendidos de los glaciares, los que además están al alcance de la mano. No todos los días se navega entre glaciares, y queríamos ver cómo era eso en realidad.

El pronóstico a la salida era bueno pero empezamos a notar que entre la cordillera las cosas no son muy predecibles. Sopla cuando no esta previsto y hay calma cuando se supone que haya viento. Así es que suspendimos la navegación a  mitad de camino para dejar pasar el mal tiempo al abrigo de una caleta.

Federico virando el Cabo de Hornos

El fondeo en esta caleta nos introdujo de lleno al “fondeo en caletas”, lo que no es lo mismo que fondear en otros lugares. Implica atar el barco a la costa con al menos tres líneas, lo que como todo es más fácil decir que hacer.  Lo que sucedió fue que abatimos sobre la costa, pero Moreno, muy rápido de reflejos, trabó la orza para evitar que se levante sola al tocar fondo. Esto nos permitió tomarnos las cosas con calma y con el auxiliar tirar cabos a la costa. Cuando todo estaba listo, levantamos la orza, cazamos los cabos y quedamos más o menos donde queríamos. Esta es otra ventaja de la orza sobre el quillote.  No es fácil levantar un quillote y vararse a sotavento puede implicar muchos dolores en un barco de 12 toneladas.

Luego de dos días de espera, y comprobando que por acá el pronóstico no se cumplía, no quedó más remedio que volver a Ushuaia y dar por terminada esta parte del viaje. Lindo hubiera sido llegar a los glaciares, pero también lo fue Isla de los Estados, Puerto Deseado, Cabo de Hornos, Le Maire, los canales chilenos, Williams, y aún nos esperaba Puerto Navarino para dar la salida de Chile y, finalmente, Ushuaia. Todo esto totaliza más de 2000 millas desde Puerto Madryn, y en apenas quince día.

Club AFASyN – Ushuaia

En Ushuaia  amarramos en la Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Afines (Afasyn) que también brilla por la gran cantidad de barcos arbolando todas las banderas del mundo. Posee un muelle muy cómodo y un ambiente de mar muy tranquilo. También se puede fondear en la bahía con total seguridad y gratis.  Aquí también al ratito de amarrar llegó una comitiva oficial pero de solo una persona que cumplió con todos los sellados correspondientes en apenas cinco minutos. Más asombroso.

Moreno me insistió  para hacer la vuelta pasando Malvinas. Ganas no me faltaban y tiempo había. Pero si lo hacíamos todo ¿qué quedaría para después? Aunque tal vez el Fortuna se pare en Ushuaia algunos meses y así podríamos cumplir con lo que falta en un futuro cercano.

Si bien este viaje fue realizado con un barco bien preparado, cualquier barco en buenas condiciones, de cualquier tamaño, apto para mar, que siga los pasos adecuados y que tenga una buena guía con todos los refugios, puede llegar a estos sitios y a donde quiera. Teniendo posibilidad de acceder a una previsión meteorológica de cinco días se puede navegar con seguridad toda la costa argentina recalando siempre en alguna caleta o puerto para no tener que aguantar ningún frente contrario en alta mar.

En mi viaje en solitario entre Canarias y Buenos Aires jamás navegué un solo día con viento en contra. Y doy fe de que la costa brasileña me esperaba con más frentes del sur de los que hubiera deseado; pero como la rueda los pronosticaba con al menos cinco días pude capearlos todos en puerto. A tal punto que más de una vez zarpé sabiendo que contaba con el tiempo para el siguiente puerto, más un margen, antes del siguiente frente.

Una aclaración más respecto a los barcos: un barco de orza para navegar en aguas abiertas es seguro si fue concebido como tal desde el tablero del diseñador, y luego construido respetando los planos , lo mismo aplica a cualquier barco de orza o quillote. No cualquier barco de orza ni quillote es apto para navegación en aguas abiertas aún tendiendo un importante lastre. 

El Fortuna es un Ovni de 40 pies construido en aluminio por el astillero francés Alubat y diseñado para navegar los mares del mundo. Un Ovni tiene estabilidad positiva hasta un poco más de los 120 grados de escora. Un barco oceánico de quillote tiene estabilidad positiva hasta los 140 grados de escora. De los cientos de Ovnis que navegan el mundo desde hace varios años no se sabe de ninguno que haya tumbado.

Federico Guerrero – Asociado 125

Cabo de hornos y ventisqueros

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